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Algunos Consejos Sobre la Oración de un Viejo Maestro|Una fórmula bíblica para el perdón

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Una fórmula bíblica para el perdón

Nada es tan importante como el perdón. Es la clave de la felicidad y el imperativo espiritual más importante de nuestra vida. Necesitamos perdonar, hacer las paces con las heridas y las injusticias que hemos sufrido para no morir enojados y amargados. Antes de morir, debemos perdonar a los demás, a nosotros mismos y a Dios por lo que nos sucedió en esta vida.

Sin embargo, eso no es fácil de hacer; de hecho, a veces es imposible hacerlo. Eso hay que decirlo porque hoy en día hay mucha literatura bien intencionada, en todo tipo de círculos, que da la impresión de que el perdón es simplemente una cuestión de quererlo y seguir adelante. ¡Déjalo ir (pasar) y sigue adelante!

No funciona de esa manera, como todos sabemos. Las heridas del alma toman tiempo, mucho tiempo, para sanar, y el proceso es insoportablemente lento, algo que no se puede apresurar. De hecho, el trauma de una herida emocional a menudo afecta nuestra salud física. La curación lleva tiempo.

Al analizar la pregunta sobre la curación y el perdón, podemos obtener una percepción valiosa, olvidada durante mucho tiempo, de la espiritualidad judía y cristiana del Sabbath. Santificar el sábado no se trata sólo de honrar un determinado día de la semana; también es una fórmula para el perdón. Así es como funciona.

La teología y la espiritualidad del Sabbath nos enseñan que Dios creó el mundo en seis días y luego descansó el séptimo día, el Sabbath. Además, Dios no sólo descansó el día de reposo, sino que Dios lo declaró un día de descanso para todos para siempre, y con eso Dios estableció un cierto ritmo para nuestras vidas. Se supone que ese ritmo funciona de esta manera:

· Trabajamos durante seis días, luego descansamos un día.

· Trabajamos durante siete años, luego descansamos durante un año (un año sabático).

· Trabajamos durante siete veces siete años, 49 años, luego tenemos un

jubileo donde el mundo mismo se va de año sabático.

· Trabajamos toda la vida, luego disfrutamos de una eternidad de año sabático.

Ahora, ese ritmo también pretende ser el ritmo de cómo nos movemos hacia el perdón:

· Podemos guardar un minirencor de siete días, pero luego tenemos que renunciar a él.

· Podemos guardar un gran rencor durante siete años, pero luego tenemos que

abandonarlo (el “estatuto de limitaciones” se basa en esto).

· Podemos aguantar una enorme herida desgarradora durante 49 años,

pero luego tenemos que rendirnos.

· Podemos aguantar una enorme herida que nos destroza el alma hasta nuestro lecho de

muerte, pero luego tenemos que renunciar a ella.

Esto destaca algo que con demasiada frecuencia está ausente en los círculos terapéuticos y espirituales de hoy, a saber, que necesitamos tiempo para poder perdonar, y que el tiempo necesario depende de la profundidad del dolor. Así, por ejemplo:

· Cuando un colega nos desprecia en una reunión, necesitamos un poco de tiempo para enfurruñarnos por esa injusticia, pero normalmente unos días pueden ayudar a ponerlo en perspectiva y permitirnos dejarlo pasar.

· Cuando somos despedidos fríamente en un trabajo por un empleador injusto, siete días o siete semanas a menudo no serán tiempo suficiente para que pongamos esto en una perspectiva más amplia, para dejarlo ir y perdonar. Siete años es un plazo más realista (tenga en cuenta el “estatuto de limitaciones” frente a esta perspectiva bíblica).

· Hay traumas que sufrimos que dejan heridas mucho más profundas que las que nos dejó un patrón injusto que nos trató injustamente. Hay heridas que sufrimos por el maltrato, el abandono y años de injusticia que necesitan más de siete años para ser procesadas. Puede tomar 49 años, medio siglo, hacer las paces con el hecho de que fuimos intimidados cuando niños o sufrimos abusos emocionales o sexuales en nuestra juventud.

· Hay heridas tan profundas y traumáticas que sólo en nuestro lecho de muerte podemos hacer las paces con el hecho de que nos sucedieron, dejarlas ir y perdonar a la persona o personas responsables de ellas.

· Finalmente, puede haber heridas que son demasiado profundas, demasiado debilitantes y demasiado dolorosas para procesarlas en esta vida. Para ellas, afortunadamente tenemos el misericordioso abrazo sanador de Dios después de la muerte.

La capacidad de perdonar depende más de la gracia que de la fuerza de voluntad. Errar es humano, pero perdonar es divino. Este pequeño eslogan contiene una verdad más profunda de lo que es inmediatamente evidente. Lo que hace que el perdón sea tan difícil, existencialmente imposible a veces, no es principalmente que nuestros egos estén golpeados y heridos. Más bien, la verdadera dificultad es que una herida en el alma funciona igual que una herida en el cuerpo; nos despoja de nuestra fuerza.

Esto es particularmente cierto para aquellos traumas que desgarran y destrozan el alma y que tardan 49 años o toda una vida en curarse, o que a veces nunca pueden curarse en esta vida. Heridas de este tipo nos desempoderan radicalmente, particularmente hacia la persona que nos la hizo, haciéndonos muy difícil el perdonar.

Necesitamos una espiritualidad del sábado para ayudarnos.


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