Opinión

Crónicas de un comelón|Verde que te quiero verde

Verde que te quiero verde

Dice el dicho, que al cuerpo lo que pida, y si ustedes, estimados lectores vieran en qué carnes me encuentro, entenderían que este cuerpo, pide ensalada. Debo decir que, a pesar de que existen una infinidad de posibilidades de variaciones cuando se trata de preparar ensaladas, cae muy bien el clima caliente para ponerse a comer fresco. 

Cuando pensamos en ensalada, muchas veces se nos viene a la mente un montón de hojas con aderezo, y quizás por eso no a todos nos emocione la idea de comerlas. Sin embargo, aún las más simples ensaladas pueden ser buenísimas. Si no fuera así, nuestra querida ensalada César no habría dado la vuelta al mundo con su fama. 

En su forma más simple, es tan sólo hojas de lechuga orejona, crotones, parmesano y el aderezo. Otra ensalada que, en su versión original es muy simple es la también famosísima caprese, que se debe componer tan sólo de tomates, mozzarella, hojas de albahaca, aceite de oliva y sal. La simpleza no está peleada con la calidad de un platillo.

Pero lo divertido de las ensaladas es que podemos ponerles tantas cosas como queramos, casi al punto de poderlas convertir en algo poco saludable. Incluso, las hay sin hojas, con carne, con pasta, leguminosas, y vaya, con todo. El límite, estimados lectores, lo ponemos nosotros mismos, y quizás, algún asesor de nutrición. 

Existen recetas clásicas de ensaladas en las que nos podemos apoyar para empezar a aventurarnos en la preparación de estos platillos, Cobb, niçoise, griega, panzanella y Waldorf son sólo algunas de ellas. Si no quiere usted circunscribirse a las recetas, entonces anímese a experimentar. Aquí les dejo unos tips.

Lo primero que debemos considerar, es la necesidad que queremos satisfacer con el platillo. Es decir, si va a ser un acompañamiento, o si va a ser lo único que comeremos. En el primer caso, probablemente sea sensato no poner tantos ingredientes en la preparación y quizás sí, sea una ensalada predominantemente ligera y fresca. 

Si va a ser nuestra comida principal, entonces sí debemos poner fuentes de proteína en ella. Otra cosa que es bueno tener en mente es el contraste. De sabores, de texturas y hasta de temperaturas. Poner hojas amargas con frutas, por ejemplo, es un contraste muy clásico y utilizado, por eso nos encontramos con tantas ensaladas de arúgula que se adicionan con frutas y se sazonan con balsámico.

La inclusión de frutos secos, además de aportar elementos nutrimentales, también nos agregan una dimensión crujiente. En cuanto a la temperatura, no siempre es fácil, pero todos conocemos ensaladas a las que les agregamos pollo a la parrilla, e incluso frito y no puedo olvidar un par de ensaladas que llevan un helado. Sí, helado, refresca y adereza a la vez. 


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