Voces del periodismo


En el remoto pasado, las noticias viajaban con lentitud. Eran llevadas por viajeros que a pie, a caballo o navegando, llegaban a los pueblos y, de viva voz, enteraban a los sedentarios habitantes de las más diversas cosas que pasaban lejos de su entorno.

Pasaron muchos siglos para que la palabra escrita se convirtiera en el principal medio de difusión de las novedades.

La palabra ‘‘período’’ es griega; se forma de peri, ‘‘alrededor’’, y hodos, ‘‘camino’’. Se acuñó para referirse al tiempo que tarda un objeto que se mueve en una trayectoria repetitiva en regresar a un punto de referencia, como un planeta o un péndulo. Por metáfora, aquellas publicaciones que aparecían regularmente, por su periodicidad fueron llamadas ‘‘periódicos’’ y de ahí derivó ‘‘periodista’’ y ‘‘periodismo’’, ya haciendo alusión a la naciente profesión.

Aquellos periódicos que aparecen cada día también son llamados “diarios” y, por la máquina que se usó para imprimirlos, mediante un proceso de prensado, también se asoció a la palabra “prensa” para nombrar a este medio. 

En los periódicos leemos principalmente noticias, que es la narración de eventos que pasan y son de interés para los lectores. La palabra es pariente de todas aquellas que encierran el concepto de “nuevo”, como ‘‘novela’’, ‘‘novedad’’, ‘‘nota’’, ‘‘notar’’, ‘‘noción’’ y muchas otras en las que la sílaba “no” es la huella genética. Así que la principal característica de una noticia debería ser narrar hechos recién sucedidos, de modo que referirse a una “noticia vieja” suena a oxímoron.

En su diseño, los periódicos organizan el texto en columnas. La palabra es metáfora de las columnas arquitectónicas que se elevan esbeltas porque su altura supera en mucho la medida de su anchura. En los antiguos formatos, se contaban hasta ocho columnas de texto. Por eso cuando una noticia era relevante se convertía en ‘‘noticia de ocho columnas’’. También a ciertos periodistas o escritores se les asignaba una de estas columnas para desarrollar un tema específico, naciendo así las columnas periodísticas y los columnistas, otro género de esta profesión.

Sin duda, el género de géneros en periodismo es el reportaje. Investigación de hechos de gran impacto en la sociedad, casi siempre involucrando a personajes de la política, de los negocios o de las religiones, pero no restringido a ellos. La palabra deriva de ‘‘reportar’’ (de ‘‘re’’ y ‘‘portar’’), que encierra la idea de “llevar al punto de partida”. En este caso se refiere a la información que se va a buscar a diferentes sitios para luego llevarla al periódico y presentarla a los lectores. Esto lo hacen los reporteros que salen a buscar la nota y vuelven con su reporte. Aunque en el léxico del periodismo está muy claro que no cualquier reportero hace un reportaje.

En el periodismo también hay palabras ‘‘negras’’, las que nombran prácticas insanas de algunos periodistas en las que, por una dádiva, distorsionan o inventan la información en beneficio o detrimento de algún personaje, obra o institución.

La más popular es “chayote”, o “chayo” ya abreviado. Se cuenta que esta voz nació a principios de los años sesenta. Un gobernador, algunos dicen que de Tlaxcala, citó a la prensa para atestiguar la inauguración de una obra inconclusa. Los periodistas asistentes fueron invitados a pasar a una chayotera que estaba cerca del lugar de reunión y ahí, a nombre del gobernante, se les entregaba un sobre con dinero con el claro fin de que se moderaran en sus publicaciones. Los reporteros, jocosamente, desde entonces se referían a esos sobres como ‘‘chayotes’’.

La avidez  por capturar lectores lleva a algunos periódicos a prácticas sensacionalistas, que consisten en presentar una realidad exagerada. Y en casos más extremos al amarillismo, en el que se inventa una realidad morbosa para atraer a los ingenuos. La palabra ‘‘amarillismo’’ es herencia de fines del siglo XIX, en Nueva York, donde el diario New York World publicó una serie de viñetas en las que el personaje era un grotesco niño calvo, vestido con una túnica amarilla en la que se escribían notas exageradas. De ahí quedó llamar prensa amarilla a la que usa y abusa de estas prácticas.

Las voces del periodismo son muchas, la mayoría de ellas hoy no cupieron en este espacio. Pero ya habrá otra oportunidad para liberarlas de su silencio y dejarlas que nos cuenten su historia.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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