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Cancionero

Y el Óscar es para...

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Y el Óscar es para...

La alopecia es un mal que afecta al cuero cabelludo por causas diversas y cuya manifestación más evidente es la pérdida anormal del cabello; se presenta mayormente en hombres, y se atribuye a la acción de las hormonas masculinas, andrógenos, sobe el folículo piloso. No obstante, la alopecia puede presentarse en mujeres. Generalmente, los afectados de ese mal optan por raparse la cabeza, en vez de sufrir la pena de los desprendimientos imprevistos de mechones que caen. Eso es una cosa. La otra, es que en 1997 la actriz Demi Moore protagonizó una película malancona que se llama G.I. Jane, (en español Hasta el Límite) en la que su personaje es una recia militar con la cabeza al rape en sus acciones de violencia.

Dicho lo anterior, vamos a los hechos: el domingo pasado, durante la ceremonia de la entrega de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, llamados Óscar, se presentó un episodio sorprendente, transmitido por televisión en vivo. El actor Willi Smith, quien por cierto minutos después recibió el premio Óscar de Mejor Actor, se levantó de su asiento en la zona preferente de los nominados, subió al escenario y le dio un bofetón al conductor en ese momento del evento, un comediante que no conozco, Chris Rock.

El joven Rock había hecho una broma de mal gusto, que estaba indudablemente en el libreto, un libreto que elaboran alrededor de 15 escritores de ingenio supuestamente agudo; se refirió a las parejas de casados que estaban en la zona de nominados y dijo que si Javier Bardem ganaba el premio, su esposa Penélope Cruz no podría hacerlo; luego se refirió a la esposa de Willi Smith, quien padece alopecia y lleva la cabeza totalmente rapada. A ella el comediante le dijo que asistiría con gusto cuando se estrenase la segunda parte de G.I Jane, protagonizada por ella. Todo mundo rio moderadamente, incluso Smith, excepto Jada Pinkett Smith, su mujer, que mostró evidente enojo. En ese momento el actor se levantó y abofeteó al cómico, nombrado el quinto mejor standupero de Estados Unidos, y regresó a su asiento.

Ante los intentos de Rock, quien había conducido la ceremonia del Óscar en 2005 y 2016, por componer el asunto, Smith le gritó dos veces: "No vuelvas a poner el nombre de mi esposa en tu chingada boca". Es mi traducción libre del término fucking, tan frecuente en el inglés gringo. Ahí terminó, por lo pronto, el episodio que provocó discusión mundial en la mayor feria de vanidades de Occidente.

Bertha y yo estábamos seguros de que el incidente había sido intencional para entretenimiento del nada respetable y material para la prensa del espectáculo. No sería la primera vez. Marlon Brando mandó en su lugar para rechazar el Óscar por El Padrino a una indígena más falsa que los acarreados de AMLO; Warren Beatty llamó en su cara "vejete republicano" a Frank Sinatra;  La La Land fue anunciada como ganadora por un supuesto error, y en 1974, con David Niven al micrófono, un tipo cruzó el escenario en pelotas. Show business, kid, show business. Lo mismo la cachetada de antier. Si así no fuere, ¿en dónde estaba la seguridad 

del teatro Dolby ante un evidente acto de violencia? ¿acaso eso es punible solamente en los estadios mexicanos? 

Pues aparentemente todo el numerito, cachetada incluida, fue real. Como en los choques de pocas consecuencias, cada quien se fue con su golpe. Chris Rock, pobre víctima del machismo impulsivo, subirá su cuota por show; con toda su hipocresía a cuestas, las buenas conciencias desde la noche del domingo ya condenan a Willi Smith por haber dado muestras de irracional ira en un espectáculo que respiraba la melcocha de la paz, la fingida inclusión de mujeres, orientales, negros, hispanos y por ahí de pilón, ucranianos. Podrían haber agregado a las víctimas de alopecia. ¿Cómo se atreve, pinche negro, a molestarse cuando un comediante negro agrede a su negra mujer simplemente por estar pelona? ¡A quién se le ocurre! 

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Con todo respeto, señor presidente: Yo le escuché decir que el avión presidencial era sólo para viajes a Europa o el lejano Oriente, y que no sirve para vuelos cortos. Ahora resulta que las fuerzas armadas lo van a rentar para bodas de lujo con viaje a Cancún incluido. Yo, mi próxima boda la quiero en Madrid. Digo, antes de que se me adelanten en las reservaciones.

felixcortescama@gmail.com

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