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Cancionero

Y mi palabra es la ley

Cancionero

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

Yo soy Jehová tu Dios, 

que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.

No tendrás otros dioses ajenos delante de mí.

Éxodo, Capítulo 20, versículos 1,2,3

Vamos a llamarle Tlatoani, que no quiere decir otra cosa que el de la voz. El verbo encarnado del presidente López se manifestó, como si no lo hiciera diariamente en las llamadas conferencias de prensa matutinas en Palacio Nacional, la semana recién pasada. Hizo reunir, por un grupo de notables y notablas mexicanos y mexicanas la esencia de su pensamiento, filosofía, credo, designio y dictamen para que le dieran el formato del decálogo que dicen los ignorantes Jehová entregó a Moisés escrito en unas tablas, previa advertencia de que el populacho de Israel no habría de subir al Monte Sinaí, y desde luego “no le tocará mano mas será apedreado o asaetado; sea animal o sea hombre, no vivirá”.

Tampoco es cierto que los mandamientos de la ley de Dios fueron 10. Si cuento minuciosamente son 12, seguidos de unas leyes secundarias que versan sobre la esclavitud y la servidumbre, la familia y la violencia; aquí viene aquello del ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Se habla del homicidio en este proyecto de ley que nadie iba a discutir, y de la propiedad. Luego vienen las leyes morales que condenan por igual el rumor que el falso testimonio o la deshonestidad o la mentira. Y se establecen las tres fiestas del año judío, incluyendo su dieta.

Con menos producción escénica que la que tuvo Jehová para hacer de su palabra la ley (bajando del cielo en medio de intenso fuego), el presidente López mandó imprimir millones de ejemplares de la Guía Ética para la realización de la Cuarta Transformación a fin de que los de edad avanzada sean sus catequistas entre todos sus cercanos.

Este nuevo catecismo pretendía ser una adecuación de las ideas éticas de Alfonso Reyes a nuestros tiempos. Resultó un champurrado de principios cristianos y de los otros. No mentir, no robar, no traicionar, no humillar, ser fraterno, son conceptos que hemos escuchado casi a diario en las mañaneras. Lo mismo aquello de que no es rico el que más tiene, sino el más generoso. Otros preceptos –aunque alguno no está en el cuadernillo– van en contra de la palabra de Dios como eso de no venerar imágenes sacras o que el perdón libera a quien lo otorga y a quien lo recibe o que no se debe enfrentar el mal con el mal. ¿Y el Talión, apá?

Lo cierto es que la función del Estado es administrar el bien común, hacer respetar las leyes que la sociedad se dio, y procurar justicia social en el patrimonio terrenal. Las iglesias diversas tienen siglos tratando de dictar la moral: también han fracasado. Los principios morales nos los enseñaron nuestros padres y abuelos, y por extensión nuestros maestros, hermanos, amigos, peluqueros y hasta una que otra novia.

Como decía mi abuela: cada quien en su casa y Dios en la de todos.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿Hasta cuándo va a aceptar que Joe Biden es el nuevo presidente de Estados Unidos? ¿Hasta que se lo mande decir su buen amigou?

felixcortescama@gmail.com

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