Opinión

Crónicas de un comelón|¿Yo robot?

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Hablemos de la automatización y el futuro de la comida.

En estos días se llevó a cabo en la ciudad de Chicago el National Restaurant Association Show, la  más grande exposición de la industria restaurantera en el continente americano. Gracias a las cuentas de algunos conocidos que pudieron asistir, puede uno seguirle el pulso al evento. 

Una publicación que me llamó la atención fue una del llamado “restaurante del futuro”. Una hamburguesería operada por un equipo conformado de un grupo de robots y un grupo de cocineros. Los cocineros, en realidad, se encargaban de la preparación de los platillos principales, pero recibían asistencia de los robots, que se encargaban de la cocción de las guarniciones.  

Los clientes no tenían prácticamente ningún contacto con otro ser humano, porque el pedido se realizaba a través de quioscos digitales y, una vez listo, lo recogían en una especie de casilleros.  Las publicaciones me invitan a reflexionar en dos temas, esperemos nos alcance el espacio para abordarlos.

Primero que nada, sobre qué tanto de nuestro trabajo se puede terminar delegando a la automatización. Es un tema complicado porque, por un lado, está el aspecto de la generación de empleos y el sustento de familias, y por otro lado, la innegable atractividad que en teoría podría generar un robot: eficiencia, precisión y el costo. 

Al menos el salarial, sabrá Dios si no será más caro arreglarlos que lo que cuesta un salario. Existe la idea romántica de que no se puede operar una cocina sin humanos. La llamo romántica, porque aunque un robot quizás no puede crear un menú, la cocina es un trabajo que depende mucho de rutina y repetición y en estos, un robot puede superarnos fácilmente.   

El otro tema que me deja pensando es el relativo al servicio, y no sólo lo percibo en los restaurantes, sino en otras instancias del servicio al cliente. El servicio de persona a persona, parece tender a convertirse en algo exclusivo a las marcas de lujo. 

Un ejemplo: Los bancos. No creo que existan muchos de nosotros que nos emocionemos ante la idea de tener que ir a sucursal. Con el avance tecnológico que tenemos hoy en día, los bancos parecen haber decidido ayudarnos a evitar dichas visitas lo más posible, en lugar de mejorar el servicio. 

A través de aplicaciones, portales y multicajeros, podemos realizar una multitud de operaciones bancarias sin tener que estar cara a cara con alguien de la institución. En la industria de los alimentos, vemos que esto se empieza a manifestar también. 

Hoy en día podemos pedir comida a través de pantallas en la entrada del negocio, o con aplicaciones en nuestro teléfono. De igual manera, los casilleros que les mencioné antes, ya son una realidad. Pedimos, recogemos, y quizás sin cruzar palabra con nadie. Espero que al robot no le salga la carne asada.  


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