Opinión

El caso Trump y la prensa en Nuevo León

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¿Informativa o publicitaria?

Roger Ailes (1940-2017), fundador de Fox News, fue un genio diabólico. Debo aclarar que para mí es muy diferente ser un genio sabio a ser un genio astuto, es decir, diabólico. La astucia puede ser inmoral y le encanta hacerse pasar por sabia.

Pues bien, Roger Ailes inventó el canal conservador más exitosos del mundo, que puso al servicio del Partido Republicano y sobre esta plataforma lanzó a un político disruptor que le cambió la cara a EUA desde su pasada gestión (2017-2021) y que puede seguir con ese cambio extremo: Donald Trump.

El actor Russell Crowe interpretó convincentemente a Roger Ailes en una serie de televisión que nunca llegó a México, indebidamente, porque aquí también hay epígonos de Ailes.

La serie se tituló The loudest voice, y el resultado fue asombroso: metido en kilos de maquillaje, látex y almohadas en el vientre, Crowe imitó a la perfección a Ailes en su forma de hablar y caminar, con un parecido que acentuó los rasgos más perversos del productor televisivo, muerto en 2017, tras tropezar en las escaleras de su casa de Palm Beach Florida.

Vi los siete capítulos que forman esta serie y les aseguro que está muy apegada a la realidad. Ailes no era un anarcocapitalista, ni siquiera un neoliberal: era simplemente un bribón; un bribón muy astuto, eso sí.

Salvando todas las diferencias, algunas de las ideas que puso en práctica Ailes se reflejan en la prensa que tenemos (¿sufrimos?) en Monterrey.

Los contextos son otros, pero las intenciones son las mismas.

Ailes no creía que Fox News debía llegar a todas las audiencias. Estaba convencido de que nunca podría arrebatarle su mercado a los medios liberales.

Trataba, más bien, de mantener y nutrir su propio nicho: los sectores ultraconservadores, que formaban poco menos de la mitad de la población norteamericana.

A ellos iba dirigido el mensaje extremista de Fox News.

Ailes comentaba con macabra lucidez: “si quieres hacer pensar a la gente, la perderás; si quieres hacerla sentir, la tendrás siempre en tus manos”.

Lo creía por una razón simple: a la mayoría de la gente no le gusta estar informada; le gusta sentirse informada, que es distinto.

A fin de que sus audiencias se sintieran, o se creyeran informadas, Ailes no inventó, pero sí mejoró la creación de fake news: una inyección de heroína directa al corazón.

Tiene su chiste hacer fake news. Para empezar, las noticias falsas no deben delatar que son falsas. Si enseñan el truco, pierden impacto. Y sin impacto, una fake news no sirve para nada. Es agua de borrajas, como dicen los españoles.

Ailes usó un ejército de bocones como Glenn Beck para difundir sus fake news y compró a varios intelectuales de izquierda para que se dejaran ganar en los debates televisivos.

Lo mismo pasa en Monterrey. Una buena parte de la prensa ya no quiere informar, sino hacer sentir a su audiencia que está informada. O se crea un periódico digital para promover a un político en especial y linchar a los oponentes. ¿Con qué se patrocinan estos periódicos publicitarios tan efímeros? Con dinero público. O sea, con tus impuestos y con los míos.

¿Qué opinaba Ailes de Donald Trump, uno de sus más cercanos amigos? Que es un gran comunicador (más eficaz que el propio Ronald Reagan) y el doble de famoso.

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“Todo el que lo subestime es un idiota que no entiende al americano medio”. Y agregaba: “A los nuestros les encanta y al resto les encanta odiarle. ¿Pero sabes qué? Todo el mundo está mirando”. Verbalmente, visualmente, sensiblemente, Trump le da a su público lo que quiere.

Engaña con la verdad.
Roger Ailes murió poco tiempo después de que gobernara Trump. No alcanzó a verlo en plenitud de sus poderes.

Tampoco podrá ser testigo del posible regreso de Trump a la Casa Blanca en las elecciones del 5 de noviembre de 2024.

Todo, claro está, mientras no no se le atraviese a Trump un ultraderechista más joven y más impetuoso que él, llamado Ron DeSantis, gobernador de Florida.

De cualquier forma, sea Trump o DeSantis, el candidato presidencial demócrata (Joe Biden casi sin ninguna duda), será un bocado que se tragarán sin masticarlo siquiera. Al tiempo. 

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