Luis Donaldo Colosio Murrieta asumió la dirigencia nacional del PRI el 3 de diciembre de 1988. Apenas siete meses después, el 2 de julio de 1989, su partido sufrió una derrota histórica en Baja California: Ernesto Ruffo Appel, candidato del PAN, se convirtió en el primer gobernador de oposición en México en más de seis décadas.
El PRI, bajo el liderazgo de Colosio, reconoció la victoria de forma expedita, en lo que se conoció como la “concertacesión”: un entendimiento entre las cúpulas partidistas para dar espacios electorales a la oposición a cambio de otros.
En contraste, Ariadna Montiel Reyes llegó a la presidencia nacional de Morena el 3 de mayo de 2026, designada por unanimidad en el Congreso Nacional Extraordinario del partido. Apenas un mes después, el pasado domingo 7 de junio de 2026, Morena registró su primera derrota electoral significativa bajo su dirigencia: en las elecciones para renovar las 16 diputaciones locales de Coahuila, la coalición PRI-Unidad Democrática de Coahuila (UDC) arrasó con el 55.03% de los votos y se llevó los 16 distritos de mayoría relativa (carro completo).
La coalición Morena-PT se quedó con el 26.20% y sin curules, mientras que el PAN se desplomó hasta el quinto lugar con apenas 2.17% de los sufragios.
Durante la era de Colosio, la concertacesión implicaba negociaciones al más alto nivel entre PRI y PAN para dosificar la alternancia.
En el caso de Coahuila 2026, la negociación fue más de corte regional: entre el PRI coahuilense y sectores del PAN local o aliados regionales. Incluso se reportó la presencia y apoyo activo de grupos o figuras panistas provenientes de Nuevo León que, paradójicamente, respaldaron a los candidatos priistas en lugar de a sus propios correligionarios en esa entidad.
Este respaldo cruzado no fue bien visto por la dirigencia nacional del PAN. Su presidente, Jorge Romero Herrera, reconoció los resultados oficiales, pero los atribuyó a “particularidades locales” que no reflejan la tendencia nacional del partido.
Romero Herrera ha señalado que estos comicios sirven como un llamado a fortalecer la identidad, la estructura interna y el crecimiento del PAN tras años de dinámicas marcadas por alianzas locales. Cualquier cosa, menos hacer alianza con el PRI.
Tras la jornada, el partido agradeció la movilización de su Comité Ejecutivo Nacional y de los 32 comités estatales, y concluyó que estas lecciones lo compromete a impulsar nuevos liderazgos con una visión de largo plazo orientada hacia los comicios de 2027, cuando busca consolidarse como la principal alternativa para frenar a Morena.
En Coahuila no solo perdió Morena. También perdió el PAN, en parte por su debilidad estructural y en parte por estas dinámicas de apoyo cruzado regional que terminaron beneficiando al PRI.
La pregunta es si estos grupos panistas de Nuevo León que “prestaron” su apoyo en Coahuila exigirán reciprocidad el próximo año, cuando busquen quedarse con la mayoría en el Congreso de Nuevo León.
Lo cierto es que esta elección en Coahuila expone las tensiones entre las estrategias nacionales de los partidos —incluida la distancia que ha marcado Jorge Romero Herrera respecto de cualquier pacto con Alejandro Moreno— y las realidades pragmáticas de las élites regionales del norte del país.
