Opinión

El peligro del derrotismo que debemos derrotar

El peligro del derrotismo que debemos derrotar

—El partido está 3-0. Ya perdimos. A la mitad del partido y nos van ganando feo. Ya me voy.

—No, compadre. ¡Quédese! No sea derrotista. Falta mucho. Si los contrarios metieron 3 goles en la primera parte, no veo porque nuestro equipo no puede hacer lo mismo y más. Hay que echarle ánimo. Quédese a apoyarnos. ¡Capaz y hasta ganamos! Espérese a que metamos el primer gol y ya verá que nuestro equipo se sigue.

—No creo. Ya pa qué.

—Ya le dije. No sea derrotista. ¡Con porras los animamos!

La semana pasada, un amigo me dijo que Morena va a darle una paliza a la oposición el año que entra, en las elecciones del Estado de México. Él apoya a la oposición, pero no cree en su triunfo. Antes de las elecciones ya está derrotado. Tiene recursos para apoyar a organizaciones de la sociedad civil, activistas y partidos políticos que están con la oposición, pero dice que no quiere tirar su dinero a la basura. ¡No se vale! Existen diversas opciones y posibilidades para que el triunfo de Morena no suceda. Sólo por mencionar algunas:

(1) La posible escisión de Morena, ante la obstaculización organizada que bloquea al senador Ricardo Monreal para competir dentro de dicho partido, del que es fundador, como candidato a la Presidencia de la República en 2024.
(2) La posible pérdida de la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados, debido a que alguno de los pequeños partidos que han venido apoyando a Morena se pase a la oposición.

(3) La posible pérdida de la estabilidad mental y/o física de AMLO y por ende de su capacidad para decidir, lo que parece estar prendido de alfileres.

(4) Tantas otras posibilidades como la realidad, que supera a la ficción, puede arrojar de manera inesperada.

Rendirnos porque en cierto momento no se encuentra la salida, es negar la realidad, esa que vez tras vez le ha dado el triunfo al aplomo y la ecuanimidad de quienes saben esperar la oportunidad. Imaginemos lo posible. Un candidato de Morena que tiene un conflicto dentro o fuera del partido, cuya consecuencia es cambiar la jugada. Si la oposición está fuerte y alerta lo sabrá aprovechar. Si el derrotismo la tiene dormida de antemano, en estado catatónico y sin la organización necesaria para aprovechar la coyuntura, de nada servirá la eventualidad, por muy pertinente que esta sea.

El derrotismo significa bajar la guardia para que el otro nos cachetee a placer, sin que encontremos ningún beneficio, salvo la confirmación de nuestro dicho pesimista y conforme; y quizás un beneficio personal por no haber contravenido al partido en el gobierno y su mandamás.

¿Quieres caminar en la vida como un perdedor antes de dar la batalla y perder en buena lid, por el temor de que tú esfuerzo no sea reconocido? ¿O eres de quienes ven en la montaña por subir, la ocasión de llegar a la cima, sin temor de no poderla alcanzar a pesar de tu tenacidad y esfuerzo?

Grandes personajes de la historia han logrado alcanzar sus metas, a pesar de sufrir discriminación, vejaciones y mofas durante años y en ocasiones décadas. ¿Por qué? Por no ser derrotistas. Como ejemplo está Mandela encarcelado 27 años, Gandhi en su Marcha de la Sal (cuando los ingleses decidieron imponer un alto impuesto a la venta monopólica de la sal) y Benito Juárez, a salto de mata en todos los confines del país, con la república en su portafolio, mientras se cantaban loas al emperador Maximiliano y la emperatriz Carlota. Todos fueron vencedores, que tuvieron largos períodos de lucha. Lidiaron contra enemigos que los persiguieron, aprisionaron y vejaron. A nosotros se nos pide mucho menos. ¡Demos la lucha! Salgamos a apoyar la causa en la que creemos, a pesar del poder gubernamental y su estructura intimidatoria. No nos dejemos vencer antes de la batalla. Es un verdadero error que lo hagamos. De lo contrario andaremos por la vida como deprimidos perdedores.

Permitir el derrotismo autoimpuesto es dejar que nuestra mente nos sabotee.

Entre el derrotismo y la acción está la confianza. ¿Tengo confianza personal? ¿He logrado alcanzar metas en las que ni siquiera soñaba, en virtud de escalar escalón por escalón, hasta situarme en la meta o tan cercano a esta que me parece imposible haberlo logrado? En pocas palabras ¿Me tengo confianza? ¿He arriesgado en lo que parecía no ser viable y en cambio resultó un éxito?

Cecilia Güemes, investigadora de la Universidad de Madrid, en un excelente estudio titulado “Del Derrotismo a la Acción: Hoja de Ruta para la Creación de Confianza”, indica la importancia de la colaboración basada en la confianza y añade: “La colaboración coloca a quienes la realizan en condiciones de vulnerabilidad y, por ello, para que la colaboración suceda la confianza es fundamental”.

Tengo experiencia suficiente para saber que el inicio de todo movimiento social requiere de tan sólo de un puñado de ciudadanos decididos y con confianza personal. Así se inició el cambio que resultó en la adopción exitosa de los juicios orales, del que fui parte.

Concluyo al indicar a cada uno de quienes esto leen que piensen en que debemos colaborar para ser la diferencia en las elecciones de 2023 y 2024. Para ello, debemos alejarnos del derrotismo y unir voluntades con confianza y acciones. Es la única manera de lograr el buen gobierno que tanto deseamos y que México se merece.


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