Opinión

¿Encarcelados o rehenes?

¿Encarcelados o rehenes?

Platico con un ex funcionario público que injustamente fue encarcelado. Me dice que basta un mes, una semana, un día en prisión, para que se acabe la vida de cualquiera.

Culpable o inocente, el futuro se cancela. La depresión embarga el alma. Los amigos dan la espalda. La familia se desintegra.
Harán falta muchos años, décadas enteras, para restaurar la tranquilidad personal y volver a estar en paz consigo mismo.

Suelen ser detenidos los políticos en México, no por presuntos culpables, sino por ser rehenes de una componenda, como Jesús Murillo Karam, exprorocurador de Justicia en tiempos de Enrique Peña Nieto.

Murillo no volverá a ser el mismo nunca más, salga o no salga de presión. Se usan las fiscalías para amedrentar a políticos de otros partidos. O para encubrir las propias miserias.

Salió Rosario Robles de su encierro en prisión y pasó a segundo plano la Estafa Maestra de 2017 y el presunto robo de $5,000 millones de pesos, canalizados irregularmente a universidades y empresas fantasmas.

El tiempo va borrando esos escándalos. O los borran desde la cúpula del poder, deliberadamente, por simple cálculo electoral.
Cuentan que pisar la cárcel es una sensación muy diferente a todo. Es como un golpe brutal en el epigastrio.

Te tumba. Te noquea. Y tirado en el suelo, no vuelves a levantarte nunca, ni con terapias, ni con psiquiatras, ni con ansiolíticos.

También cuentan que la prisión es escuela de humildad. La cárcel es la mejor aula para el arrepentimiento.

Las rejas no matan, como dice la canción, pero es lo más cercano a la muerte. Aunque se esté en la sombra un solo día. 


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