Opinión

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Opinión

El día que tomamos mucho vino mexicano.

Hace unos meses les platicaba del festival de parrillas que hubo en Santiago. Pues ahora les vengo a contar que nuestra ciudad tuvo otro festival de talla internacional, con un enfoque muy mexicano.
Víctima de la pandemia, se dejó de celebrar el propiamente llamado Toma Vino Mexicano por dos años, pero esta vez regresó con toda la fuerza acumulada durante el sabático.

En el evento se dieron cita vinícolas, sommeliers, productores de artículos alimentarios, músicos, un staff enorme y claro, una gran cantidad de asistentes interesados en conocer el vino que se está produciendo en nuestro país.
Ya en otros años había asistido al festival haciendo ‘montón’ en stands de vinícolas. Este año, me invitaron a formar parte del concurso de maridaje. Fue una experiencia muy diferente, pero igual muy divertida.

A diferencia de las ediciones anteriores, en esta ocasión servimos comida en lugar de vinos. Me tocó hacer equipo con una vinícola cercana a Ensenada, desde que lo probé, me pareció que el vino se prestaba para sabores agridulces, pero tampoco demasiado complejos.

Por alguna razón mi mente pensó en leguminosas, Boston baked beans para ser más específicos, pero no sentí que hubiera sido un bocado muy popular. Después de varias vueltas en la mente, terminé en una ensalada de lentejas, camote, tocino, nuez de castilla y una vinagreta de balsámico y mostaza antigua.

En varios momentos del día, me sentí el raro del concurso, aunque no es necesariamente algo malo, hubo quienes agradecieron que el bocado ofrecido fuera algo ligero.

Al final del concurso, no ganamos, ni ganaron los que pensaba que debían ganar. Pero mi sensación de haber sido el raro se me pasó después de un par de días del evento, cuando me encontré con un amigo y le pregunté qué había servido él. Me dijo: Nopales con chapulines, y sentí que me había ganado el puesto del raro.

Pero más allá del concurso, el evento fue una gran oportunidad de encontrar colegas, clientes, amigos, conocidos y gente nueva. Todos unidos alrededor del vino mexicano.

El crecimiento del festival, es también el crecimiento del vino en nuestro país. Cada vez son más, mejores y en más lugares las opciones que tenemos para disfrutar de esta bebida que tan bien se presta para ser parte de la mesa.

No olvidemos, además, que el vino no es un tema de moda. La vinícola más antigua de Latinoamérica está en nuestro país. En Parras, para ser más precisos. Hablando de Parras, resulta que sus vinícolas fueron las grandes ganadoras del concurso, logrando posicionarse en los primeros tres lugares, de la mano de los restaurantes que hicieron equipo con ellos.

Felicito al equipo de organizadores del festival. Se lo merecen y ustedes, queridos lectores, estén pendientes de la siguiente edición.

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