Opinión

'Si eres rey...'

'Si eres rey...'

Leemos, en el evangelio de este fin de semana, el condicional de todos los tiempos: “Si eres rey...”, la eterna tentación del hombre hundido en su miseria e indigencia, en sus dudas y pragmatismos. “Si eres el Hijo de Dios...”, así el tentador y así tantos hombres a lo largo de la historia. “Si eres bueno..., ¿por qué reina tanto mal a nuestro alrededor?”. “Si me amas..., ¿porqué en lugar de que reine tu amor en mí, reina, en muchas ocasiones, el desorden de las pasiones, el desenfreno del egoísmo?”. “Si eres rey..., ¿cómo es posible que exista tanta injusticia en nuestro mundo?”. “Si eres rey..., qué clase de reinado es el tuyo que tanto se oculta hasta el punto que se desvanece y llega casi a desaparecer?”. “Si eres rey...”, el condicional que le ponemos a Dios cuando nos topamos con nuestras limitaciones, racionalismos, faltas de fe, de confianza y apertura espiritual para entender la vida de modo trascendente y no descendente…
La duda nos atosiga y nos sacude interiormente, el miedo y la incertidumbre de la vida nos frena. Eso de Cristo Rey, ¿no será un cuento o una de tantas utopías que recorren la historia?”. “Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera”, canta la Iglesia. ¿Es esto verdad o más bien un triunfalismo exagerado? ¡Seamos valientes! Quitemos el 'si' condicional de nuestra relación con Jesús. En lugar de dudar, agradezcamos al Padre que no haya querido instaurar un reino como hubiésemos querido los hombres, a la medida de nuestros deseos y de nuestras mezquinas concepciones de las cosas. Jesús reina según su designio y su medida, no según la nuestra. Jesús reina y hace realidad su reino de justicia, amor, bondad donde le damos espacio para estar, para vivir, para sanar, para bendecir.

El Reino de Jesús se recibe como un regalo, como una revelación del cielo; no es fruto de una mente humana privilegiada ni de un acuerdo de los hombres. El Reino de Jesús se instala en la vida de los hombres, pero no es un árbol ya hecho, sino una planta que crece. Desde el momento que ponemos el reino de Jesús bajo la ley del condicional, estemos seguros de que estamos corriendo el riesgo de no entenderlo y de quedarnos fuera, de frenar la gracia y la bendición en nosotros.
Tertuliano en su comentario al padrenuestro escribe: “Que tu Reino venga lo antes posible es el deseo de los cristianos, es la confusión para las naciones. Nosotros sufrimos por esto, más aún nosotros rezamos por su llegada”. Es un deseo que los cristianos venimos repitiendo desde hace 21 siglos. Venga a nuestra tierra tu reino de paz, en todas las naciones. Venga a nuestra tierra tu reino de justicia frente a la corrupción, que tu reino frene tantas diferencias sociales y económicas, frente tanta degradación moral. Venga tu reino de amor entre los esposos, entre padres e hijos, entre miembros de diferentes razas o religiones; de amor hacia los niños y hacia los ancianos, hacia los pobres y enfermos, hacia los más necesitados de atención, cariño, ternura. Venga tu reino, que tan necesitados estamos en estos tiempos…
Sabemos que el Reino de Jesús vive en una situación de tensión permanente, porque lo exige su mismo crecimiento, porque encuentra resistencias a su acción transformadora. Con todo, porque llegue este reino de paz, de justicia y de amor trabajamos, sufrimos, oramos los cristianos y todos los hombres de buena voluntad. ¡Venga tu Reino! Sea ese el grito con el que amanezcamos a un nuevo día y con que cerremos el duro bregar de la jornada. Para que, digamos con san Cipriano: “nosotros que lo hemos servido en esta vida, reinemos en la otra con Cristo Rey, como él mismo nos ha prometido”. ¡Venga tu reino!

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros.  

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