Opinión

Viejo lobo de mar

Viejo lobo de mar

Según define el Internet, en la actualidad al decir que una persona es un viejo lobo de mar, referimos que se trata de alguien que ha adquirido el noble don de la sabiduría y la habilidad que otorga la experiencia en un algún oficio, profesión o actividad.

Mi suegro, don Raúl Reyna Castillo, no sólo utilizaba la frase para referirse de alguien que poseía estas características, sino que él, con el gran conocimiento y la maestría que dan los años en el correr de la legua, con sobrados méritos se convirtió en uno de ellos, en un verdadero y auténtico lobo de mar.

El pasado 24 de noviembre y tras 83 años vividos y gozando de una gran lucidez muy bien aspectada en la realidad de su entorno, don Raúl partió al inequívoco llamado del Creador, dejándonos con un inconsolable dolor en el corazón pero también con una gran alegría de haber podido disfrutarlo a plenitud tal como él era, muy a su estilo, muy a su forma, hombre de una sola pieza, muy al estilo de don Raúl Reyna Castillo.

Nació, vivió y partió con Dios en la entrañable Ciudad Victoria de Tamaulipas, de origen humilde, don Raúl se crió muy cerca de los barrios de la estación del ferrocarril. Ahí, entre las vías, los vagones, la gente y toda la parafernalia que vestían la zona con el folclore de la época donde todo se movía a través del tren, mercancías, pasajeros y servicios, mi suegro aprendió desde pequeño a vivir y hacerse vivir en la existencia de una manera digna y honrada que muy a pesar de los errores naturales que se cometen en la imperfección humana, le permitieron llegar hasta el final en armonía consigo mismo, en absoluta paz con él, con su familia y con Dios.

Dicen que detrás de un gran hombre, hay una gran mujer y en sus años mozos el amor le flechó para hacer la vida al lado de doña Aurelia Suárez, “doña Bella”, con quien formó su propia familia, Elizabeth, Raúl, mi vida Patricia, Dagoberto y José de Jesús, “Cheché”, que fue “el pilón”, además de Silvia, media hermana de sangre pero una hermana auténtica, completa, absoluta y total de sentimientos para con ellos. Todos fueron el fruto, motivo, razón y milagro del amor con el que don Raúl se condujo siempre por la vida.

De joven era vigoroso, apuesto, trabajador y las necesidades propiciadas por las carencias de su entorno, le forjaron como una persona buena, de nobles y justos sentimientos, un ser muy habilidoso y avispado para el comercio, un verdadero hombre de bien que con el paso del tiempo se convertiría también en un auténtico lobo de mar.

Hablaba poco pero decía mucho, su férrea actitud frente a la vida, era la que hablaba por él, pues en su ser no había mediocridad ni medias tintas, su personalidad era poderosa, tajante, contundente, arrolladora, pero limpia, pulcra, directa y a la vez, determinante, atributos que a lo largo de su vida siempre demostró, de principio a fin, pues a pesar de la natural metamorfosis que ocuparon los años para madurar de manera física y emocional a todos los miembros de su familia, él nunca dejó de ser la figura de respeto, pilar, guía, autoridad en la familia y en la toma de decisiones de la misma.

Siempre supo torear la vida y con mucha habilidad, capotear el ocasional vendaval de las situaciones propias en el quehacer familiar, sin verse nunca rebasado. Hizo de todo de manera honesta, correcta y honrada, con la claridad y lucidez que sobrevienen con honor de la responsabilidad de formar y educar con amor a sus críos para sacar ante todo, a su familia adelante.

Hoy mi suegro se ha marchado dejándonos un profundo dolor en el corazón pero también una huella indeleble de amor en el alma de quienes le conocimos, le quisimos y le aprendimos algo de su grandeza, personalidad y sabiduría frente a la vida. Por ello, gracias por tanto, don Raúl, gracias de verdad por todo, “viejo lobo de mar”. QEPD don Raúl Reyna Castillo.

Por hoy es todo, agradezco mucho su lectura, estimado lector, esperando que el de hoy sea un hermoso día, por favor cuídese, ame a los suyos y cuide a su familia, me despido honrando la memoria de mi también muy querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes.


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