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Historias envuelven a visitantes del nuevo Museo de la UAAAN
Recorrieron por primera vez el Museo del Centenario, donde alrededor de 200 objetos donados reconstruyen más de un siglo de historia de la UAAAN.
Por Christyan Estrada | 03 Septiembre 2026
Vestidos de antiguas reinas universitarias, fotografías de generaciones pasadas, trofeos, discos, uniformes y objetos que permanecieron durante décadas ligados a historias personales volvieron a encontrarse con sus propietarios y con antiguos alumnos durante la apertura del nuevo Museo del Centenario de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro.

La nostalgia se convirtió en una de las primeras reacciones entre quienes recorrieron las salas del museo instalado en La Gloria, edificio emblemático de la institución, donde 1,700 metros cuadrados de museografía reconstruyen la historia de la Narro y su relación con el desarrollo agrícola del país.
Para Héctor Recio, egresado de la generación 64 en 1987, regresar a la universidad y encontrarse con parte de su historia convertida en museo representó un nuevo motivo de orgullo.
“Como egresado de la Narro, pues es otro motivo de orgullo el nuevo museo y seguramente vendremos a visitarlo periódicamente”, expresó al señalar que la cantidad de salas y objetos hace difícil conocer todo el recinto en una sola visita.
El recorrido no se limita a contar la historia institucional. También busca explicar la evolución del campo, la agricultura y la ganadería, desde sus orígenes hasta el uso de nuevas tecnologías.

Recio consideró que este aspecto permite acercar a quienes viven en las ciudades a un sector que muchas veces conocen únicamente a través de los productos que encuentran en los supermercados.
“Todos estamos relacionados con el campo porque todos comemos. Poco se conoce de lo que es el campo en sí en las ciudades”, comentó.
Entre quienes vivieron un reencuentro particularmente emotivo estuvo Griselda Campos Gutiérrez, exalumna de Ingeniería Mecánica Agrícola y reina de la universidad durante la década de los noventa.

En una de las salas encontró nuevamente el vestido, la banda, la corona, el cetro y fotografías que ella misma donó para preservar aquella etapa de su vida universitaria.
“Me llena de mucha emoción estar viendo tantos recuerdos tan bonitos que vienen a la mente”, señaló.
Entre las imágenes conservadas aparece además junto a Jesús Cruz Cruz, conocido como “El Pagua”, a quien recordó como el primer “rey feo” de aquella época.

Campos Gutiérrez destacó que el museo permite que la identidad y el sentido de pertenencia de distintas generaciones permanezcan resguardados dentro de su propia alma máter.
La colección incorpora alrededor de 200 objetos donados por exalumnos y miembros de la comunidad universitaria, además de piezas que ya pertenecían al archivo histórico de la institución y que fueron limpiadas, restauradas y acondicionadas para su exhibición.

José Manuel Padilla Gutiérrez, director de Colecciones del Museo del Desierto y participante en el desarrollo museográfico, explicó que la exposición fue diseñada como un viaje en el tiempo que comienza incluso antes de la fundación de la universidad.

El recorrido parte de las primeras comunidades asentadas en la región, aborda el origen de la agricultura y continúa con la historia de Antonio Narro, la creación de la escuela agrícola y su posterior transformación hasta convertirse en la actual universidad.

Las salas incorporan medios audiovisuales e instalaciones interactivas para mostrar también la evolución de las herramientas agrícolas, el mejoramiento de cultivos, la tecnología aplicada al campo y las aportaciones realizadas por la institución.
Padilla Gutiérrez destacó además el papel histórico de las mujeres en la selección de semillas y cultivos, identificándolas dentro del recorrido como precursoras de prácticas que actualmente forman parte del fitomejoramiento.
La experiencia completa puede extenderse entre una hora y media y dos horas para quienes se detienen a observar las piezas, leer la información y utilizar los componentes interactivos.

El especialista consideró que, por sus dimensiones, colección y recursos tecnológicos, el Museo del Centenario se coloca como un recinto singular en su tipo a nivel nacional y como uno de los espacios museográficos de mayor relevancia en Saltillo.
Más allá de las cifras y la museografía, la apertura dejó una escena repetida entre los primeros visitantes: exalumnos deteniéndose frente a fotografías, objetos y recuerdos que los devolvieron por unos minutos a sus años en la Narro.
Para muchos de ellos, el nuevo museo no solamente cuenta la historia de una universidad, sino también fragmentos de sus propias vidas.