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Así recordamos a Celso Piña, a siete años de su fallecimiento
Aunque se pensaba que Aniceto Molina fue su ejemplo a seguir, en realidad era Alfredo Gutiérrez, a quien siguió por su gran talento con el acordeón
Por Diana Valeria Leyva | 21 Agosto 2026
A 2,557 días de que el último son de su corazón se escuchara por las calles del Cerro de la Campana, el legado del “Rebelde del Acordeón” sigue más vivo que nunca.
Porque hablar de Celso Piña no solo es hablar sobre la cumbia, los paseos vallenatos y el acordeón. Es hablar del compositor, arreglista y músico regiomontano, quien logró unir la cumbia colombiana con géneros como el rock, el pop y hasta el norteño.

Celso Piña Arvizu nació un 6 de abril de 1953 en Monterrey, Nuevo León. El primero de los nueve hijos de María Arvizu Córdoba e Isaac Piña Marroquín encontró su pasión por la música a los 15 años.
Aunque muchos pensaban que Aniceto Molina fue su ejemplo a seguir, en realidad su inspiración fue Alfredo Gutiérrez, a quien siguió por su gran talento con el acordeón.
Su tenacidad y disciplina por tocar cada día mejor lo mantuvieron encerrado en su cuarto por años, hasta que encontró el estilo que lo llevaría a recorrer países como Francia, Londres, España y Alemania.

La fascinación del “Cacique de la Campana” por la música lo llevó a interpretar himnos de grandes compositores como José Alfredo Jiménez con “Tú y las nubes”, así como “Y nos dieron las 10” de Joaquín Sabina.
Su música no solo conquistó a los jóvenes de la colonia Independencia; llegó hasta el espíritu de los intelectuales al ritmo de la “Cumbia sampuesana”, como Gabriel García Márquez, con quien protagonizó uno de los momentos más memorables de la historia, rompiendo estereotipos de la cumbia. Sin embargo, el sorprendido terminó siendo el "Cacique de la Campana", cuando García Márquez le reveló que su reconocimiento era totalmente mutuo.
Baila como quieras, lo que quieras; pero baila
— Fernando Pérez Corona (@ferperezcorona) August 23, 2022
También con Celso Piña, bailó Gabriel García Márquez. pic.twitter.com/Qi5rO6TOdW
En esa ocasión, el Premio Nobel de la Literatura le obsequió un ejemplar de su obra maestra “Cien años de soledad”, al declararse gran admirador del regiomontano. Mientras que Celso Piña lo expresó al interpretar sencillos como “Macondo”, “Crónica de una muerte anunciada” y “Reina de cumbias”, siendo esta última un homenaje al escritor y periodista colombiano.
En 2005, Celso Piña dedicó su álbum “Canto de un rebelde para un rebelde” al revolucionario cubano Ernesto "Che" Guevara, donde destacaba en su labor humanitaria como guerrillero con “Hasta siempre, comandante”. Lo curioso es que en esta compilación también honra, junto a Lila Downs, a Emiliano Zapata.

Sus colaboraciones reconocidas y versátiles van desde Café Tacvba, Laura León, Alex Lora y Eugenia León, Ximena Sariñana, Natalia Lafourcade, Los Ángeles Azules, Aleks Syntek, Pato Machete, El Gran Silencio y el grupo Pesado hasta la Orquesta Sinfónica de Baja California.

Celso Piña, el famoso "Rebelde del Acordeón", fue un aficionado de corazón de los Rayados de Monterrey. El también arreglista demostró su gran pasión por el club albiazul a través de colaboraciones especiales y participaciones históricas con el equipo de la Liga MX.

A siete años de su muerte, Celso Piña inspira a jóvenes músicos
Esto generó admiración por muchos, quienes buscaron representarlo en arte, tal y como les sucedió a los miembros del Macro Centro Comunitario Bicentenario de la Independencia, donde chicos y grandes aprenden a tocar el acordeón bajo su ejemplo.

Daniela y Briana, quienes a su corta edad, practican su nuevo pasatiempo al ritmo de la cumbia del “Cacique de la Campana”.
“Lo que me impresiona mucho de él fue que, a pesar de que fue muy famoso y que tocó internacionalmente, aun así fue una persona muy sencilla”, expresó Daniela.

Mientras que Hesequio Jiménez comenzó en el mundo de la música hace cinco meses, siempre tuvo el gusto por la música del intérprete de “Como el viento”.
“No, pues la verdad es mi ídolo”, reveló.
Porque más que un músico, Celso Piña se convirtió en parte de la identidad de Monterrey. A siete años de su fallecimiento, su música seguirá sonando por las calles de esta gran ciudad; así pasen más de cien años de Macondo, las mariposas amarillas siempre volarán.
