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Misofonía: el enemigo acústico invisible del día a día
Este trastorno convierte ruidos cotidianos en detonantes de reacciones emocionales y físicas muy intensas e involuntarias
Por El Horizonte | 21 Septiembre 2026
Para algunas personas, el sonido de alguien masticando, sorbiendo, respirando o haciendo click con un bolígrafo puede ser mucho más que una simple molestia.
Puede desencadenar enojo, ansiedad, disgusto, tensión muscular o una necesidad inmediata de alejarse. Esta condición se conoce como misofonía, un trastorno de la tolerancia a determinados sonidos que genera respuestas intensas y automáticas.
A diferencia de lo que podría pensarse, la misofonía no significa necesariamente que una persona tenga problemas de audición. La investigación científica apunta a que la dificultad está relacionada con la manera en que el cerebro procesa y asigna relevancia a determinados estímulos auditivos.
Estudios de neuroimagen han identificado una respuesta particularmente intensa en regiones como la ínsula anterior, relacionada con las emociones y la percepción de señales corporales.
Los sonidos desencadenantes suelen ser repetitivos y, con frecuencia, están relacionados con acciones humanas: masticar, tragar, sorber, toser, aclararse la garganta o respirar. La respuesta puede incluir ira, ansiedad, asco, aceleración del ritmo cardiaco y tensión física, además de conductas de evitación.

“Es como tener la respuesta de lucha o huida siempre encendida”, explica Mark Zachary Rosenthal, director del Duke Center for Misophonia and Emotion Regulation. El especialista señala que esta respuesta puede complicar situaciones cotidianas, desde compartir una comida hasta trabajar en espacios donde existen sonidos repetitivos.
Aunque todavía no existe una causa única, se investigan factores neurológicos, familiares y genéticos, así como su posible relación con otras condiciones sensoriales y emocionales. (Con información de Agencias)
Los síntomas
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:
* Emocionales: irritación, enojo, ansiedad, angustia o sensación de disgusto.
* Físicas: tensión muscular, sudoración, aceleración del ritmo cardiaco y sensación de alerta.
* Conductuales: necesidad de abandonar el lugar, evitar determinadas personas o situaciones, cubrirse los oídos o pedir que cese el sonido.
* Cotidianas: dificultad para concentrarse, comer acompañado, estudiar, trabajar o convivir con otras personas.
Los detonantes y la intensidad de la reacción varían de una persona a otra. Por ello, no todo rechazo a un ruido significa que exista misofonía.
El tratamiento
Aunque todavía se investiga cuál es el abordaje más eficaz a largo plazo, la terapia cognitivo-conductual ha mostrado resultados favorables para disminuir la intensidad y el impacto de las respuestas. El objetivo es trabajar la reacción emocional y física ante los sonidos, así como las conductas de evitación.
Si los sonidos provocan malestar intenso o afectan las relaciones, el desempeño o la vida social, conviene acudir con un especialista para valorar cada caso.