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Trump amplía importación de carne y enfrenta rechazo en Texas

El rechazo resulta políticamente significativo porque las comunidades rurales y ganaderas de Texas forman parte de la base electoral republicana

Por Sergio Villarreal | 19 Septiembre 2026

La decisión del presidente Donald Trump de ampliar temporalmente las importaciones de carne bovina para reducir los precios en Estados Unidos provocó inconformidad entre ganaderos de Texas, incluidos productores y dirigentes agrícolas que tradicionalmente han respaldado al mandatario republicano.

La administración estadounidense autorizó el ingreso de hasta 300 mil toneladas métricas adicionales de recortes magros de res durante un periodo de 90 días. El producto será utilizado principalmente para elaborar carne molida y podría provenir, en buena medida, de Brasil y Argentina.

Trump busca reducir el precio de la carne

El programa comenzó el 1 de septiembre y permite importar hasta 100 mil toneladas mensuales durante tres meses con una tarifa reducida. El Gobierno estadounidense espera que el producto sea comercializado aproximadamente 25% por debajo del precio vigente de importación.

La medida pretende ofrecer alivio a los consumidores ante el encarecimiento de la carne, provocado por la reducción del hato ganadero, las sequías, los incendios, los elevados costos de producción y las restricciones aplicadas al ingreso de ganado mexicano por el riesgo del gusano barrenador.

El inventario de ganado en Estados Unidos se encuentra en su nivel más bajo en cerca de 75 años. Esta disminución ha limitado la oferta disponible y presionado los precios en supermercados, restaurantes y establecimientos dedicados a la venta de alimentos.

Ganaderos de Texas advierten afectaciones

Productores texanos sostienen que permitir la entrada de grandes cantidades de carne extranjera puede disminuir el precio que reciben por sus animales y frenar los esfuerzos para reconstruir el hato nacional.

La Independent Cattlemen’s Association of Texas manifestó su rechazo al plan y pidió al Gobierno Federal reconsiderarlo. La organización advirtió que los rancheros estadounidenses compiten con productos elaborados bajo costos laborales, alimentarios y regulatorios diferentes.

Los ganaderos también cuestionan que el descuento aplicado a las importaciones llegue directamente al consumidor, debido a la participación de procesadoras, distribuidoras y cadenas comerciales en la formación del precio final.

El rechazo resulta políticamente significativo porque las comunidades rurales y ganaderas de Texas forman parte de la base electoral republicana. Sid Miller, comisionado estatal de Agricultura y aliado de Trump, ha señalado que aumentar las importaciones puede perjudicar a los productores nacionales.

Productores piden reconstruir el hato estadounidense

En lugar de importar carne procesada, representantes del sector proponen facilitar la adquisición de ganado reproductor y ofrecer incentivos para que los rancheros conserven vaquillas destinadas a incrementar los rebaños.

La recuperación no sería inmediata, ya que requiere varios ciclos de reproducción y crecimiento. Los productores necesitan mantener hembras, reducir temporalmente las ventas y esperar el desarrollo de los nuevos animales antes de que aumente la disponibilidad de carne.

Las asociaciones ganaderas consideran que introducir producto extranjero a menor precio durante este proceso puede desalentar inversiones y provocar que algunos rancheros abandonen sus planes de expansión.

Gobierno busca equilibrar precios y producción nacional

Las 300 mil toneladas autorizadas equivalen a aproximadamente 661 millones de libras de carne. Si todo el volumen fuera adicional al ya proyectado, representaría cerca de 11% de las importaciones anuales estadounidenses y alrededor de 2% del suministro nacional.

La Casa Blanca sostiene que la medida contiene protecciones para limitar sus efectos sobre los productores. Paralelamente, anunció apoyos mediante la iniciativa Ranchers First, que contempla financiamiento para pequeñas procesadoras, compras públicas de carne estadounidense y estímulos para recuperar el hato.

La controversia coloca a Trump ante dos sectores de su propia agenda económica: consumidores que demandan alimentos más baratos y ganaderos que reclaman condiciones estables para mantener la producción nacional.

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