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Rompe Atlántico récord al llegar a septiembre sin huracanes
Por primera vez desde el inicio de los registros satelitales, la temporada alcanza su punto estadístico más activo sin la formación de un huracán
Por Vanessa Aguilar | 17 Septiembre 2026
El océano Atlántico llega al pico estadístico de la temporada de huracanes sin haber formado todavía un solo huracán.
Es la primera vez desde el inicio de los registros satelitales, en 1966, que el Atlántico llega al 12 de septiembre sin registrar un huracán.
Han transcurrido 108 días desde el inicio de la temporada y apenas cinco tormentas tropicales con nombre han logrado desarrollarse en el Atlántico. Ninguna ha alcanzado la intensidad necesaria para convertirse en huracán.
El retraso supera así la marca anterior, registrada el 11 de septiembre con la formación de Gustav, en 2002, y Humberto, en 2013.
La anomalía llega precisamente cuando la actividad ciclónica suele alcanzar su máximo.
El pasado 10 de septiembre fue, estadísticamente, el día de máxima actividad de la temporada, y más de la mitad de la actividad total suele producirse después de esa fecha. Sin embargo, por ahora no se observan señales claras de una rápida recuperación.
Edouard ha sido el sistema que más cerca estuvo de romper la racha. La tormenta tropical llegó a encontrarse a apenas 22 kilómetros por hora de alcanzar la intensidad de huracán el pasado 1 de septiembre, pero tocó tierra cerca de la frontera entre Texas y Luisiana mientras se intensificaba.
El contacto con tierra interrumpió su acceso a las cálidas aguas del Golfo de México que alimentaban su desarrollo.
El agua del Atlántico mantiene temperaturas suficientemente elevadas para favorecer la formación de ciclones tropicales.
El problema está en la atmósfera. La cizalladura del viento asociada con El Niño está dificultando que las tormentas se organicen y ganen fuerza, una condición que los especialistas consideran especialmente desfavorable para estos sistemas.
El polvo del Sahara añade otro obstáculo. Durante los últimos días, grandes cantidades de aire seco y partículas procedentes del desierto africano han cruzado el Atlántico.
Este aire seco puede limitar la formación y el fortalecimiento de las tormentas tropicales.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) ya había anticipado una temporada menos activa de lo habitual y estimó la formación de entre tres y seis huracanes. La agencia ha calificado de sorprendente la actual falta de actividad, aunque ha advertido que todavía queda suficiente tiempo para que se forme un huracán.
La temporada del Atlántico comenzó el 1 de junio y concluirá el 30 de noviembre. Por ahora, el último huracán registrado en esta cuenca sigue siendo Melissa, formado en octubre de 2025.
El contraste con el Pacífico es notable: durante 2026, esa cuenca ya ha registrado los huracanes Fausto, Genevieve, Karina, Lowell y Marie.
El Atlántico, en cambio, encara la segunda mitad de la temporada sin haber producido todavía ninguno.
A 38 años del Gilberto y 16 de Álex
El 17 de septiembre de 1988, el huracán Gilberto marcó un antes y un después en la historia de Nuevo León al alcanzar rachas de viento de 296 kilómetros por hora. Por su devastadora fuerza y magnitud, provocó una histórica crecida del río Santa Catarina, dejando severos daños en la infraestructura vial y urbana de la zona metropolitana de Monterrey.
Veintidós años después, el 1 de julio de 2010, el huracán Álex volvió a golpear la entidad con precipitaciones récord, arrasando calles, puentes, vialidades clave y viviendas.
Hasta la fecha, ambos fenómenos se mantienen en el registro histórico reciente como los episodios de lluvia más intensos jamás documentados en la región, transformando para siempre la planeación urbana y la gestión de riesgos en el estado.
Cómo afecta a Nuevo León
Los huracanes que ingresan al Golfo de México y cuyos remanentes alcanzan Nuevo León pueden tener un efecto determinante en el estado, al dejar lluvias torrenciales que contribuyen a la recuperación de los niveles de las presas y ayudan a mitigar los efectos de los periodos de sequía.
Sin embargo, el beneficio hídrico llega acompañado de riesgos importantes. Cuando las precipitaciones son extraordinarias, los mismos sistemas que permiten recuperar los embalses pueden provocar inundaciones, desbordamientos, daños materiales y pérdidas humanas.
La historia de Nuevo León está marcada por diversos fenómenos meteorológicos que han dejado precipitaciones intensas y episodios de destrucción.
Entre los eventos registrados históricamente destacan los ocurridos en 1612, 1909, 1938, 1955, 1967, 1988, 2005, 2010, 2013, 2019 y 2020.
Uno de los primeros registros corresponde a 1612, mientras que en tiempos más recientes destacan los ciclones de 1909, ocurrido el 28 de agosto, y de 1938, registrado el 29 de agosto.
En septiembre de 1955, el huracán Hilda provocó importantes precipitaciones en la entidad. Doce años después, el 5 de septiembre de 1967, el huracán Beulah volvió a dejar lluvias de consideración en el estado.