Opinión

8M: Mujeres que gobiernan, mujeres que deciden

Sección Editorial

  • Por: Protágoras Tamaulipeco
  • 09 Marzo 2026, 02:30

Cada 8 de marzo la política mexicana se llena de discursos, consignas y homenajes que muchas veces se quedan en la superficie de la conmemoración. 

Pero en Tamaulipas el fenómeno empieza a ir más allá del simbolismo. Aquí no sólo se habla de mujeres en el poder; se empieza a ver a mujeres ejerciéndolo. Y esa diferencia, aunque parezca sutil, es la que termina moviendo las estructuras.

La llegada de Claudia Sheinbaum Pardo a la presidencia de México marcó un punto de inflexión que inevitablemente permea en las entidades federativas. No se trata únicamente de una victoria electoral; es una señal política de que el poder dejó de ser un territorio exclusivo del liderazgo masculino. Tamaulipas, con su compleja realidad fronteriza, social y económica, es hoy un laboratorio interesante de ese cambio.  

Ahí aparece el liderazgo social de María Santiago de Villarreal, cuya presencia ha colocado el bienestar comunitario en una agenda que durante años fue desplazada por las urgencias políticas del momento. En el terreno de la justicia, la presencia de Tania Contreras López, hoy Magistrada Presidenta del Poder Judicial de Tamaulipas, representa otro signo de los tiempos: una mujer al frente de una institución que históricamente fue territorio de juristas formados bajo esquemas profundamente tradicionales. Su responsabilidad no es menor; desde ahí se define la ruta de la impartición de justicia en el estado, una tarea que exige independencia, criterio y una visión institucional capaz de sostener el equilibrio entre legalidad y legitimidad.  

En el ámbito municipal el mapa también habla en femenino. Carmen Lilia Canturosas Villarreal gobierna Nuevo Laredo en tiempos donde la política se desgasta en confrontaciones estériles, ella le ha apostado por gobernar y dar resultados; Mónica Zacil Villarreal Anaya hace lo propio en Tampico, donde el desafío no es sólo administrar la ciudad, sino sostener una narrativa de desarrollo regional; mientras que Martha Patricia Chío de la Garza, en ciudad Mante, representa esa generación de alcaldesas que gobiernan territorios donde la política todavía se mide en cercanía con la gente.  

En el Senado, Olga Patricia Sosa Ruiz y Maki Esther Ortiz Domínguez participan en la discusión nacional que inevitablemente impacta en la agenda del estado. Y en el Congreso local emergen voces como Magaly Deándar Robinson y Judith Katalyna Méndez Cepeda, parte de una generación que ya no pide espacio: lo ejerce.  

Pero el liderazgo femenino no sólo se mide desde el poder institucional. En Heroica Matamoros, Ana de Granados, presidenta del DIF municipal, ha entendido que gobernar también significa mirar donde pocas veces se mira. Su trabajo al frente del organismo asistencial ha colocado el foco en uno de los territorios más sensibles de la política pública: la niñez vulnerable. En una frontera donde las desigualdades suelen golpear primero a los más pequeños, su labor confirma que el liderazgo femenino también se ejerce donde más duele. 

Pero hay un punto ciego que la política no debe ignorar. Tener más mujeres en el poder no garantiza automáticamente mejores gobiernos. El verdadero desafío es otro: que ese liderazgo no reproduzca las inercias del viejo sistema político.  Porque si algo exige este tiempo de mujeres, es algo más profundo que la paridad: exige decisiones que cambien la realidad. Y en Tamaulipas, esa historia apenas comienza a escribirse.

LA ESCUELA FRENTE AL PODER DEL CELULAR

El debate sobre el celular en las escuelas dejó de ser una discusión doméstica entre padres y maestros para convertirse en un asunto de política pública. Y eso quedó claro durante un Foro Nacional “Más allá de las pantallas: Impacto de las Tecnologías Digitales en la Educación y en la Salud Mental”, donde autoridades educativas de los 32 estados, junto con la Secretaría de Educación Pública, comenzaron a colocar el tema en la agenda real del sistema educativo mexicano.  

El secretario de Educación de Tamaulipas, Miguel Ángel Valdez García, llevó al centro de la mesa un dato que incomoda: un estudiante mexicano menor de 16 años puede pasar hasta nueve horas diarias navegando en internet. No es un número menor ni un simple indicador de hábitos digitales; es una señal de alerta que vincula aprendizaje, salud mental y supervisión familiar en un triángulo donde hoy nadie parece tener control total.  

Pero aquí aparece el punto ciego. Regular el celular no es sólo prohibirlo en el aula. Setenta países ya lo han hecho, sí, pero el verdadero desafío es construir una política que responda al cómo y al cuándo. ¿Será una restricción gradual? ¿Aplicará desde primaria hasta bachillerato? ¿Habrá protocolos pedagógicos que integren tecnología sin convertirla en dependencia?

En esa discusión también pesa la línea política del gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum, porque cualquier decisión tendrá que armonizarse con la política educativa nacional. Y en el caso de Tamaulipas, la administración del gobernador Américo Villarreal Anaya ya dejó claro que participará activamente en el diseño de esa ruta.  

La discusión apenas comienza. Porque el dilema no es tecnología sí o tecnología no. El verdadero desafío es recuperar el equilibrio entre educación, salud emocional y responsabilidad pública antes de que las pantallas sigan educando solas.

¡¡Yássas!!

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