¿Adiós al efectivo en México? No tan rápido
Sección Editorial
- Por: Guillermo Barba
- 14 Septiembre 2026, 00:00
El gobierno quiere reducir el uso del efectivo en México. La intención quedó clara con la propuesta de Ley de Economía Digital, presentada junto con el Paquete Económico 2027, que abre la puerta a restringir el uso de billetes y monedas en determinados sectores considerados “estratégicos”, entre ellos gasolineras y casetas. La noticia encendió de inmediato las alarmas y muchos comenzaron a preguntarse si México está avanzando hacia un modelo en el que el dinero físico termine prácticamente desapareciendo. No es el caso, afortunadamente. Le explico.
No lo van a lograr, al menos no de la manera en que el gobierno lo planea.
Y fracasará no porque falte voluntad política, sino porque las propias condiciones de la economía mexicana están empujando en la dirección contraria.
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 muestra hasta qué punto el efectivo sigue siendo central en la vida cotidiana. El 85.2% de la población lo utiliza habitualmente para compras de hasta $500 pesos y, aun en operaciones de $501 pesos en adelante, el porcentaje se mantiene en 73 por ciento. Eso significa que no estamos frente a un simple problema tecnológico. No basta con instalar terminales, promover códigos QR o ampliar el uso de tarjetas.
La razón por la que esta forma de pago sigue dominando está profundamente ligada a los hábitos de consumo, a la falta de cultura financiera y a la desconfianza de las personas, pero, sobre todo, hay una razón estructural dentro de la economía mexicana: una enorme y creciente informalidad, una baja bancarización efectiva y una actividad económica que lleva años creciendo muy poco.
Aquí aparece la gran contradicción del plan. Mientras el gobierno quiere reducir el uso de billetes y monedas y hacer más rastreables las transacciones, al mismo tiempo mantiene políticas fiscales y regulatorias que aumentan los incentivos para permanecer pequeño, operar informalmente o mantenerse fuera del sistema financiero.
Si una empresa percibe que crecer significa enfrentar más fiscalización, menos posibilidades de deducción, mayores cargas administrativas y más riesgo regulatorio, el incentivo natural no siempre será expandirse. Muchas veces será exactamente el contrario: mantenerse pequeña, operar con menor visibilidad y evitar costos adicionales.
Eso es especialmente grave, porque México necesita más empresas medianas y grandes, no menos. Son las que tienen mayor capacidad para invertir en tecnología, pagar mejores salarios, ofrecer prestaciones, generar cadenas productivas, exportar y contribuir de manera importante a la recaudación. Si el sistema termina premiando quedarse chico y castigando crecer, lo que estamos haciendo es “changarrizar” todavía más la economía. Y una economía más informal es, inevitablemente, una donde circulan más billetes y monedas. Por eso resulta paradójico que se pretenda limitar su uso, al mismo tiempo que se fortalecen los incentivos económicos que lo mantienen vivo.
Incluso, algunas medidas pensadas para aumentar el control pueden terminar generando también el efecto contrario.
Cuando se endurecen los requisitos para depósitos en efectivo, aumenta la identificación de ciertas operaciones o se hace más costoso volver a introducir ese dinero al sistema bancario. El que ya salió, no desaparece: sigue circulando, cambia de manos, se utiliza en operaciones informales y permanece fuera del sistema. En otras palabras: mientras más se presione sin resolver el problema de fondo, mayor puede ser el incentivo para que el dinero físico siga moviéndose por canales alternativos.
Además, queda abierta una discusión sobre la privacidad que no debe minimizarse. Una sociedad libre debe preservar distintas formas de pago. Utilizar billetes y monedas no debería convertir a nadie en sospechoso. La presunción debe ser la contraria: somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Además, digitalización no es sinónimo automático de avance y desarrollo. En economías avanzadas, como Italia, España o Alemania, el efectivo sigue representando una parte relevante de los pagos presenciales. Su persistencia no necesariamente es señal de atraso, sino también de preferencia, privacidad y libertad de elección.
Por lo tanto, el verdadero problema del Paquete Económico 2027 y de la nueva Ley de Economía Digital está en otro lado.
México sigue atrapado en un crecimiento insuficiente, mientras el gasto público continúa aumentando y la reducción del déficit depende más de elevar ingresos que de contener realmente el gasto. Eso significa mayor presión sobre quienes ya producen, invierten y pagan impuestos. Si a esta combinación agregamos bajo crecimiento, deuda creciente e inflación persistentemente por encima del objetivo ideal, el riesgo de fondo es una estanflación de largo plazo: una economía que crece poco, mientras el poder adquisitivo se erosiona.
Eso debería preocuparnos mucho más que preguntarnos si dentro de algunos años podremos pagar una caseta con un billete. El debate sobre el efectivo es apenas la superficie. Debajo hay una economía que necesita con urgencia más inversión, productividad, seguridad jurídica y mejores incentivos para crecer.
Un país no se vuelve moderno porque sustituya billetes por códigos QR. Se vuelve moderno cuando permite que sus ciudadanos y sus empresas produzcan más, generen más riqueza y tengan libertad para decidir cómo utilizarla.
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