El proceso de elección interna para nombrar candidato —o candidata— a la gubernatura de Nuevo León se acelerará. Habrá perfil designado antes de lo previsible.
Labor de cura, de cicatriz, de resarcir heridas derivará en una anticipación del despliegue de acciones, del levantamiento de encuestas y de la combinación de factores de integración de cuadros.
¿Por qué? Muy simple. Los actos anticipados de campaña que podrían configurarse por alguna mano que mece la cuna, además de un intento por socavar a los compañeros que apuntan como posibles rivales, obliga a una recomposición de planes y agenda. No lo digo de oídas, sino con pleno conocimiento de causa.
Hablo no de meses de adelanto, sino de semanas. Acaso de días. No será fácil mantener con tanta anticipación un nombre, pero las consecuencias, en caso contrario de estirar la liga, podrías ser peores.
¿Quién será nominada o el nominado por Morena en ámbitos norteños? Yo ya lo sé. No podré revelarlo por el momento, pero la próxima semana lo saco a la luz pública. Y será de primera fuente. Y sin reversa.
