¿Aplicar en Nuevo León el proyecto de fracking que ideó Rogelio Montemayor para Coahuila?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 17 Abril 2026, 04:59
Hay personajes en la política mexicana que no se explican por los cargos que ocuparon, sino por la congruencia y la preparación profesional con la que ejercieron el poder. Y uno de esos casos es el del doctor Rogelio Montemayor, exgobernador de Coahuila.
No es una figura estridente: es un experto en economía, quizá uno de los mejores de México, con genuina vocación de servicio y preparación especializada.
El doctor Montemayor ha publicado recientemente un libro: Gobernar para servir, un título que funciona más como declaración de principios que como lecciones de poder.
Estuve en la presentación de esa obra, en la Universidad Autónoma de Nuevo León, y lo que ocurrió ahí no fue un evento editorial más. Fue un ejercicio de disección del poder público.
Rogelio Montemayor representa una generación de economistas formados en la política pública de alta escuela, no en la improvisación electoral.
Montemayor es egresado del Tecnológico de Monterrey, pero su formación se consolidó en la Universidad de Pennsylvania. Ahí ocurrió algo que cambió su vida: se conectó con la economía moderna.
En ese ecosistema académico, dominado por figuras que redefinieron la macroeconomía, Montemayor se formó bajo el tutelaje de Lawrence Klein.
Lawrence Klein, premio nobel de 1980, es clave porque introdujo modelos econométricos para entender cómo funcionan las economías reales, no las abstractas.
Por eso Montemayor no es un economista ideológico. Es un economista operativo.
En su libro narra su paso por la administración pública federal; Energía y Planeación, para rubricar su trayectoria en la gubernatura de Coahuila.
Gobernar para servir no es una autobiografía clásica. No es solo una lista de anécdotas. Es un intento de sistematizar decisiones: cómo se toma una decisión personal o presupuestal, cómo se enfrenta un conflicto político, cómo se administra el poder.
Montemayor pertenece a una generación que entendía la política pública como una disciplina compleja: si no se administra bien, la economía nacional lleva las de perder.
En un entorno donde la política se ha desplazado hacia el espectáculo, hacia la polarización, hacia la renovación de redes clientelares, Montemayor insiste en la capacidad de gobernar bien.
Y eso implica seriedad, entender que el poder público no es para exhibirse, sino para administrarse.
El libro es casi un manual de contención del caos. Un recordatorio de que el Estado no se sostiene con discursos, sino con decisiones consistentes. Y quizá esa es la pregunta que deja en el ambiente: ¿se alienta a los políticos formados y altamente calificados a seguir sirviendo a su sociedad?
Hace muchos años, Montemayor abordó un tema controvertido: el fracking. Para llegar a acuerdos en torno a ese rubro —que para muchos resulta vital para alcanzar la verdadera soberanía energética—, armó una constelación de inversionistas e instituciones académicas.
Principalmente, logró sumar a 57 empresas; integró cuatro centros de investigación con presupuesto federal —IIE, CIQA, COMIMSA y CINVESTAV—; y consiguió que al menos 15 instituciones de educación superior aceptaran incorporarse al plan maestro, entre ellas Texas A&M International University y el Tecnológico de Monterrey.
¿Podemos retomar esa iniciativa? Si no lo aceptan o no hay condiciones en Coahuila, hagámoslo en Nuevo León.
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