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Opinión

La póliza imposible

Protágoras

El caso es este. En marzo de 2023, el gobierno de Tamaulipas firmó un contrato con Grupo Empresarial Dalka para surtir despensas. Poco después lo canceló, alegando que la empresa no entregó a tiempo las pólizas de garantía.

Dalka demandó pidiendo una indemnización millonaria, ganó en primera instancia y perdió en mayo de 2025, cuando el Tribunal de Justicia Administrativa revocó el fallo por unanimidad. Hasta el magistrado que la había favorecido votó por revertir su propia decisión. Pleito de tribunales, dirá usted. El nudo está en una fecha. La empresa asegura que entregó las pólizas el 15 de marzo. La afianzadora responde que las emitió hasta el 11 de abril. 

Y aquí no hace falta abogado: es como presumir que pagó con un billete que todavía no salía de la imprenta. Por esa contradicción, la Fiscalía Anticorrupción investiga presunta falsedad en declaraciones y fraude procesal. 

El gobierno lo resume así: esto no es persecución, es aritmética. Y en el dato de la fecha, hay que decirlo, lleva mano. Pero el caso no está cerrado, y conviene seguirlo con calma. Quedan piezas por encajar: la conciliación que se exploró el 3 de junio, los señalamientos públicos que rondan el expediente y las resoluciones que todavía deben emitir los jueces. 

Nada de eso está resuelto. Por ahora, el gobierno de Tamaulipas tiene la fecha de su lado y la empresa, la carga de explicarla. Lo demás, lo que se dice en las redes y lo que se prueba en los tribunales, tendrá que decantarse con el tiempo.

Sigamos pendientes. La última palabra, como debe ser, la tendrán los jueces.

En Tamaulipas no truena la tormenta. Sólo bajó la temperatura.

¿QUÉ ESPERA GARCÍA FUENTES PARA ACTUAR?

Ciudad Victoria vive una paradoja que duele: nunca habíamos tenido tanta agua y nunca la habíamos visto correr tan inútilmente por las calles.

La presa está llena, los pozos responden, los manantiales brotan gracias a las lluvias del año pasado y de este 2026. El cielo cumplió su parte. ¿Y la COMAPA? Aquí está el punto que pocos quieren nombrar: el problema no es la sequía, es el descuido.

Tener agua de sobra y verla escurrir por las fugas es como llenar la cartera y caminar con los bolsillos rotos: por más que entre, todo se pierde antes de llegar. El victorense paga puntual su recibo. Y ese dinero no es para que el agua potable se mezcle con aguas negras a media calle, ni para que las zanjas de las reparaciones se vuelvan trampas para los automovilistas. Se paga, justamente, para mantener las tuberías en forma.

Por eso la pregunta es directa, señor gerente Fernando García Fuentes: ¿qué están haciendo? ¿Está rebasado el organismo o simplemente no se está cumpliendo con la tarea? La COMAPA es municipal, pero administra y genera sus propios recursos. 

La autonomía obliga, no exime. Que el gerente se ponga las pilas. Y que las autoridades municipales y estatales exijan lo que corresponde, porque el agua que hoy se pierde por una fuga, mañana hará falta en una llave seca. Los victorenses no piden milagros. Piden un servicio de calidad. Eso es todo.

¡¡Yássas!!

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