Opinión

Ataques de pánico

Sección Editorial

  • Por: Protágoras Tamaulipeco
  • 13 Julio 2026, 04:50

En Tamaulipas, las sillas nunca quedan vacías por casualidad. Vea usted, cada movimiento tiene un mensaje y cada silencio suele decir más que lo oficial.

Lo que pasa hoy en el primer círculo del gobernador Américo Villarreal Anaya merece leerse con esa lógica.  La salida de Norberto Barrón Barragán de la Secretaría Particular y de Jacobo Batarse de la Dirección General de Administración de la Oficina del Gobernador confirma que el reacomodo continúa. No es extraño que un gobierno haga ajustes a mitad del camino; lo interesante es dónde se están moviendo las piezas.

Y cuando los cambios alcanzan el corazón de la oficina del gobernador, el mensaje deja de ser administrativo para convertirse en político.  A ese escenario se sumó la noticia sobre la salud del exsubsecretario de Bienestar, Samuel Badillo, quien sufrió un infarto al miocardio y logró ser estabilizado.

Primero lo primero: con la salud no se juega. Ojalá tenga una recuperación plena y regrese con bien junto a su familia. La política puede esperar; la vida, no. 

Peeeeroooo mientras la salud pertenece al ámbito personal, las responsabilidades públicas son otra historia. Y el día de ayer se confirmó su separación del puesto es decir, no forma parte ya de la estructura de gobierno.

Y en el estado las versiones corren más rápido que los boletines oficiales. La conversación ya no gira únicamente sobre quién se va, sino sobre qué motivó esas salidas y qué revisiones podrían venir, y ello hace que los nervios vayan en avanzada. 

Hasta ahora no existe información oficial que confirme responsabilidades contra los exfuncionarios que han dejado sus cargos. Sin embargo, el ambiente político deja ver que la revisión interna no ha terminado y que nadie debería asumir que entregar las llaves de una oficina equivale a cerrar un capítulo.

Porque en política las renuncias cambian nombres en la puerta, pero no borran el pasado. La verdad tiene una extraña costumbre: siempre encuentra la manera de mostrase. Y cuando eso ocurre, también suelen salir a la superficie los excesos, las omisiones y las lealtades malentendidas.

En el Palacio de Gobierno las sillas siguen moviéndose. La pregunta ya no es quién será el siguiente en levantarse, sino quién podrá explicar con tranquilidad por qué tuvo que hacerlo. Y aguas, con los ataques de pánico. 

TODOS SOMOS RESPONSABLES...

Hay tragedias que no deberían repetirse. Sin embargo, en Matamoros ya parecen formar parte de una dolorosa rutina. Primero fue una madre y su hijo que salieron un domingo por la mañana a comprar barbacoa para el desayuno familiar. Nunca regresaron. Horas después, otro accidente volvió a romper el corazón de la ciudad. 

Michel Emmanuel Valdez Aguilera, un joven que apenas celebraba su graduación del COBAT 02, decidió hacer lo correcto: regresar a casa utilizando un servicio de transporte por plataforma. Junto con él viajaba J. Alí César Cortinas, quien trabajaba como conductor. Ninguno imaginó que ese trayecto sería el último de sus vidas. José Alberto Pérez continúa luchando por recuperarse. 

Las investigaciones deberán determinar responsabilidades y esclarecer quién provocó esta tragedia. La exigencia de justicia es legítima y necesaria, pero reducir esta historia a encontrar un culpable sería ignorar el problema de fondo. 

La realidad es incómoda: ya ninguna esquina de Matamoros parece segura y no porque las calles sean el enemigo, sino porque la imprudencia se ha vuelto costumbre. 

Hay quienes siguen conduciendo después de beber, otros utilizan el celular mientras manejan y todavía existen ciudadanos que, con la intención de “ayudar”, publican en redes sociales la ubicación de los retenes de alcoholimetría, debilitando una medida diseñada precisamente para salvar vidas. 

Los datos hablan por sí solos, mire usted, en tan solo una sola noche, alrededor de 50 conductores fueron retirados de circulación por manejar bajo los efectos del alcohol.  La respuesta de la autoridad fue inmediata: reforzar los operativos, instalar hasta cinco filtros simultáneos y reducir el horario de operación de bares y centros nocturnos hasta las dos de la mañana.

Son decisiones necesarias, pero insuficientes si la sociedad sigue viendo estas medidas como un obstáculo y no como una protección.  También es justo reconocer los gestos que alivian el dolor, aunque no puedan borrar la ausencia.

El alcalde Beto Granados acompañó a las familias de Michel y J. Alí, asumió los gastos funerarios y dio seguimiento al estado de salud del joven hospitalizado. Es un acto de sensibilidad que merece reconocerse, porque gobernar también implica estar presente cuando la tragedia golpea. 

Pero el verdadero desafío comienza cuando se apagan las cámaras.  No habrá operativo capaz de detener a quien decide beber y conducir si antes no existe una convicción personal de respetar la vida ajena. 

Tampoco habrá campaña de prevención suficiente mientras continuemos justificando la irresponsabilidad con frases como “solo fueron unas copas” o avisando dónde están los retenes para que alguien pueda evadirlos.

La seguridad vial no puede ser una batalla exclusiva del gobierno ni una obligación que recaiga únicamente en Tránsito Municipal. Es un compromiso compartido. Los empresarios del entretenimiento deben asumir su parte; los conductores, entender que un volante no admite distracciones; las familias, intervenir cuando un ser querido pretende manejar alcoholizado; y las autoridades, aplicar la ley sin excepciones ni privilegios.

Porque al final, la diferencia entre llegar a casa o convertirse en una estadística puede durar apenas unos segundos.  Y ninguna graduación, ningún desayuno familiar y ningún día de trabajo deberían terminar en un funeral por una tragedia que, entre todos, podemos evitar.

¡¡Yássas!!

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