No habrá juicio político porque los legisladores locales de Morena no se ponen de acuerdo.
El problema es que, además, no podemos denunciar a esta fracción legislativa tan fraccionada, porque a quienes nos dedicamos al sano oficio de denunciar nos aplicarían la típica violencia política de género o nos pueden acusar de difamación.
Los diputados locales en Nuevo León son prácticamente impunes. Pueden hacer lo que se les antoje y por eso no habrá juicio político.
Un maestro del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey me compartió hace poco un paper muy interesante que parece escrito justo para momentos como este.
El paper se titula: Six arguments in favor of liquid assemblies, escrito en 2025 por la investigadora Chiara Valsangiacomo de la University College Dublin.
La propuesta es reemplazar o complementar los parlamentos tradicionales, como el Congreso de Nuevo León, con “Liquid Assemblies”, asambleas líquidas donde cada ciudadano puede delegar su voto no a un legislador que luego se mete a la subasta política, sino por tema específico a quien realmente se le confíe la voluntad ciudadana, y revocárselo en cualquier momento.
Todo esto puede sustentarse en blockchain mediante sistemas como LiquidFeedback Blockchain.
Cada delegación de voto se registra de forma inmutable y transparente en la cadena de bloques. Las transacciones son públicas y auditables por cualquiera, pero la identidad se puede proteger con criptografía.
Si un diputado o delegado empieza a fallar, como dicen que pasó con Mario Soto, coordinador de la bancada Morena en el Congreso local, sus delegantes le quitarían el poder al instante. No haría falta que viniera la dirigenta nacional a quejarse de él.
Los argumentos a favor que presenta Valsangiacomo son: mayor libertad política positiva, mayor igualdad en la participación, posibilidad de participación selectiva, una representación proporcional basada en confianza real, mejor rendición de cuentas deliberativa y un mejor aprovechamiento de la inteligencia colectiva.
Con nueve diputados de Morena, que eran la bancada —ya no— en el Congreso local, el riesgo de que más de uno esté comprometido era muy alto.
Cuando el poder está concentrado en tan pocas manos, basta con presionar o comprar a unos cuantos para torcerlo todo.
Imagínate en Nuevo León: en lugar de depender de que un coordinador aparezca o no en las comisiones clave, cada ciudadano interesado podría delegar su voto a un experto de confianza en transparencia y revocárselo al primer indicio de que se vendió.
Suena utópico. Casi tanto como creer que los mismos de siempre van a arreglar el sistema que tanto les conviene.
Pero si el olmo no da peras, quizá lo que hay que cambiar no son las peras, sino el olmo. De otra manera, seguirán las broncas con la subasta de diputados y sus votos mercenarios.
¿No convendría aplicar algo nuevo en el Congreso de Nuevo León?
