Viene una andanada legal muy fuerte contra Tatiana Clouthier. Se habla de algo más que errores en su campaña para ser coordinadora para la defensa de la 4T en Nuevo León.
Errores que pueden salir muy caros, en todos los sentidos. Errores de cálculo, de acción, de vínculos con figuras grillosas y recursos supuestamente mal utilizados que contravienen normas partidistas, electorales e incluso más allá.
Se sabe que de esos errores —por manejar un eufemismo— ya está enterado el delegado oaxaqueño, Alejandro Murat. Ya corrió la especie al núcleo duro de la presidenta Sheinbaum. Y no se pueden pasar por alto.
No está la Presidenta en el mejor de los ánimos para curar nuevas heridas ni atender nuevos reveses. No en las actuales circunstancias, cuando el gobierno de Trump responde a los entramados políticos de México por mínimos que sean, alternando cada vez con más ahínco garrote y zanahoria.
Hasta hace unas semanas, esos errores legales podían pasar como guerra sucia en contra de una aspirante con posibilidades reales.
Sin embargo, no todo, no siempre, es guerra sucia. Y en realidad, para eso sirven los procesos internos: para que se ventilen errores que, sin este tránsito previo, sin este retén anticipado, resultarían irreversibles de corregir ya en la contienda constitucional.
Pero en un proceso interno, en una contienda endógena de un partido, los errores pueden subsanarse y las figuras pueden omitirse. Nadie es imprescindible.
Ojalá, por salud democrática, y porque Tatiana no se merece que le pongan en entredicho su reputación y prestigio —tan cuidadosa ella de cultivar dichas virtudes, escasas hoy en día—, los errores se subsanen y, si es un malentendido, se esclarezca.
O que renuncie a aspiraciones vulneradas quien tenga que renunciar antes de que tope con pared de tribunales.
