Le entro de frente: la cifra que nos dan en julio es buena y no tiene caso negarla.
El homicidio doloso no andaba tan bajo desde 2015, y quien vive en Reynosa o en Victoria algo ha notado. Hasta ahí, el aplauso está ganado. Ahora lo que esa información no dice.
Lo que mide el Secretariado Ejecutivo no son los delitos que pasan, son las denuncias que alguien se animó a levantar. Y aquí entre nos, mucha gente ya no va al Ministerio Público porque no cree que sirva. Entonces, si bajan las denuncias, ¿bajó el delito o bajaron las ganas de denunciar?
Conviene revisar también la ruta de los datos. Las carpetas las integra la Fiscalía General que encabeza Irving Barrios Mojica; el secretario ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública, Willy Zúñiga Castillo, concentra las cifras, y el gobernador Américo Villarreal Anaya las presenta desde la Mesa de Paz que él mismo preside. La evaluación se queda en casa.
Hay otro detalle que a mí no me deja tranquilo: en toda esa información no aparece ni una vez la palabra desaparición. Y aquí hay miles de familias todavía buscando a alguien. Si se lo llevaron y nunca apareció, ese caso no le suma a la cifra que hoy se celebra. Y quien salió a dar los números fue el área que hace las cuentas, no el general Carlos Arturo Pancardo Escudero, responsable de la operación en la calle.
Va la pregunta, gobernador: ¿Tamaulipas está más tranquilo, o nada más está más callado?
NADIE TOCABA LAS GRÚAS. DEANDAR SÍ
En Tamaulipas hay temas que se heredan de gobierno en gobierno sin que nadie los mueva. Las grúas eran uno de ellos. Todos conocíamos el cobro inflado y el carro que desaparece mientras el dueño discute con el agente.
Nadie legislaba. La diputada Magaly Deándar Robinson sí lo hizo. Suya es la reforma a las leyes de Tránsito y de Transporte: prohibir el arrastre cuando el conductor está presente y puede mover su vehículo, impedir que un municipio contrate grúas sin concesión estatal, obligar a publicar tarifas y entregar factura.
Se aprobó por unanimidad. Nadie se atrevió a votar en contra de lo que todos habían tolerado durante años. Ese es el avance, y hay que decirlo: por primera vez el automovilista tiene un artículo que lo defiende. Pero aquí está el punto ciego. Una ley no camina sola. Deándar volvió al tema con permisos, tarifas públicas, límites para entrar a propiedad privada, porque lo aprobado todavía no baja al asfalto. Eso ya no depende de ella. Depende de que el gobierno de Américo Villarreal Anaya ordene y publique el padrón de concesiones.
De que alcaldes como Carlos Peña Ortiz, en Reynosa, exhiban las tarifas autorizadas y digan qué empresas tienen permiso. De que el ciudadano denuncie en lugar de negociar por debajo. Ella hizo su parte, y la hizo casi sola. La pregunta es para los demás: ¿quién la respalda ahora que toca aplicar la ley en la calle?
¡¡Yássas!!
