Llegué ayer a Roma, Italia, y una frase terminó persiguiéndome durante buena parte del día.
Está inscrita en el edificio del Instituto Nacional de Estadística italiano, una construcción monumental de la época de Benito Mussolini: “NVMERVS REIPVBLICAE FUNDAMENTVM”.
En español esto quiere decir: “Los números son el fundamento de la República”.
Me gusta la frase porque contiene una aspiración casi imposible de la política: que, después de los discursos, las negociaciones, las filias, las fobias, quede un territorio común donde nadie puede inventar fake news: los números.
Podemos discutir quién los interpreta, cuestionar la metodología, incluso sospechar de quién paga una encuesta. Pero cuando varias mediciones realizadas con procedimientos distintos comienzan a apuntalar el mismo sitio, el margen para la especulación se reduce.
Llega un momento en que la política tiene que enfrentarse con la aritmética. Y la aritmética es una tirana: gana siempre.
Si hoy tuviéramos que dibujar la elección por la alcaldía de Monterrey de 2027, la pizarra ya comienza a mostrar nombres bastante claros.
Todo indica que una eventual alianza del PRI y el PAN tendría en Lorena de la Garza a una de sus cartas más fuertes. En Movimiento Ciudadano se viene construyendo una tendencia alrededor de Martha Herrera.
Por supuesto, no son todavía candidaturas consumadas, pero sí se registran dos proyectos políticos que adquieren forma.
Falta Morena. Y aquí los números —que son el fundamento de la república— empiezan a ponerse interesantes.
El arquitecto Abel Guerra formula una reflexión después de conocerse las mediciones utilizadas por Morena para definir su candidatura al gobierno de Nuevo León.
Dice que, antes de conocer el resultado oficial, mandó levantar dos encuestas por su cuenta —“encuestas de a de veras, no de las pagadas”, las llama— porque quería saber cómo estaba realmente la competencia interna.
Y asegura que ambas le arrojaron una sorpresa: Felipe de Jesús Cantú aparecía en segundo lugar.
Después llegaron los números oficiales y confirmaron lo esencial de aquella percepción.
Morena presentó públicamente sus resultados acompañada por representantes de las casas encuestadoras que realizaron ejercicios espejo. Entre las firmas participantes estuvieron De las Heras Demotecnia, Buendía & Márquez, Covarrubias y Asociados, Enkoll, Mendoza Blanco y Asociados, Votia y Defoe.
Los levantamientos espejo coincidieron con la encuesta del partido en quién encabezaba cada entidad.
En Nuevo León ganó Clara Luz Flores. Y advierto algo curioso. El sistema de Morena repartía diez puntos de acuerdo con ocho atributos evaluados. Clara Luz terminó con 8.625 puntos; Felipe de Jesús Cantú obtuvo 1.125 y Waldo Fernández 0.25. No lo digo yo, lo dicen las cifras oficiales.
A primera vista es una paliza. Pero cuando dejamos el sistema de puntos y vamos a una de las preguntas políticamente más reveladoras —la preferencia por una persona como candidata— aparece otra fotografía: Clara Luz Flores registró 14.49% y Felipe de Jesús Cantú 13.56%. Menos de un punto porcentual de diferencia.
Ese dato cambia las impresiones. Abel Guerra recuerda que Clara Luz venía alcanzando calificaciones prácticamente perfectas dentro del sistema de evaluación, hasta que Felipe entró en la ecuación. Lo relevante no es solo quién ganó, sino lo que apareció detrás de la ganadora.
Si Morena decidió convertir las encuestas en el instrumento científico para ordenar sus candidaturas, debería llevar la lógica hasta sus últimas consecuencias. No puede utilizar los números para decir quién va por la gubernatura y después olvidarlos cuando llega el momento de decidir quién puede competir por la capital del estado.
Ahí entra Felipe de Jesús Cantú. Exalcalde de Monterrey. Excandidato a gobernador. Conoce electoralmente la ciudad; tiene reconocimiento de nombre y acaba de demostrar, dentro del propio Morena, que puede ser competitivo en Monterrey. De nuevo, no lo digo yo. Lo dicen “los números que fundamentan la República”.
Qué fascinante que aquella sentencia sobre los números que leí en Roma permanezca inscrita en un edificio levantado durante el fascismo italiano.
Los regímenes pasan. Los dirigentes pasan. Las consignas pasan. Incluso las ideologías que parecían eternas terminan convertidas en capítulos de los libros de historia.
Pero los fríos números, en cambio, tienen la costumbre de permanecer. Y a veces no dicen lo que el poder quiere escuchar.
Morena utilizó las encuestas para resolver Nuevo León. Perfecto. Clara Luz ganó y los números determinaron una candidatura.
Pero esos mismos números dejaron otra información encima de la mesa: Felipe de Jesús Cantú quedó en segundo lugar.
Por eso aquella frase romana podría terminar teniendo una inesperada traducción regiomontana: los números son el fundamento de la República, pero también deben ser el fundamento de las candidaturas.
