Opinión

Caminar con Dios

Sección Editorial

  • Por: P. Noel Lozano
  • 01 Septiembre 2023, 00:10

Qué sencillo es en la vida caminar cuando las cosas van bien, cuando el sendero es llano y sin grandes dificultades, cuando todo luce y es favorecedor, pero cuando aparecen las dificultades, las pruebas, los problemas, los fracasos, hay que echar a andar toda una descarga motivacional y anímica grande al corazón, y si sabemos poner a Dios, mucho mejor. El profeta Jeremías experimenta en su propia vida el abandono aparente de Dios, incluso le reclama a Dios por sentirse así, pero recapacitará y será la misma voz de Dios que descubre en su interior quien lo sostendrá. Pablo, en su carta a los Romanos, invita a la comunidad a fortalecer su relación con Dios, precisamente para evitar decepciones innecesarias, buscando no dejarse transformar por los criterios de este mundo. Mateo, en el Evangelio, nos expone el momento en el que Jesús anuncia a sus discípulos que tendrá que padecer, morir y resucitar en Jerusalén, haciéndoles la invitación de tomar su cruz de día y seguirle, como camino de esperanza y de alegría garantizada. Y es que así es la vida, aprender a enfrentar las cosas, de la mano de Dios, para mantener la cordura y la paz en los momentos de los peores huracanes.

Siempre existen momentos en que parece que uno ya no es capaz de ser fiel a la vocación y a la palabra prometida, con los mismos miedos y dudas de Jeremías. Cuántas veces vemos esposos que ya no sienten las fuerzas para permanecer fieles a sus compromisos; padres que no saben cómo educar a sus hijos; personas consagradas que pasan por momentos tan oscuros en la vida, que sienten la tentación del abandono, de la incertidumbre, del desaliento. Situaciones del mundo, de la Iglesia, del propio país, de la propia familia... y uno se pregunta ¿quién pondrá cargar con esto? ¿Cómo puedo permanecer fiel a mis compromisos contraídos? ¿No será una ilusión mi entrega, mi donación a los demás, a mi familia, a mis hijos? ¿Todo estará destinado a derrumbarse con el paso del tiempo y la fragilidad humana? La duda y el sentirse solo es algo muy normal en muchos momentos, pero la certeza de que Dios nos acompaña es la única que nos mantiene fuertes en los huracanes.

Cuando todo arrecia, especialmente después de vacaciones, cuando comienzas un camino de ordinariedad, de pagar deudas emocionales y económicas, es cuando más debe acrecentarse la virtud de la esperanza, y cuando más fiel hay que ser a Dios y a los propios compromisos. Como Jeremías, sepamos enfrentar el momento de la prueba. Esa inexplicable ausencia de Dios. Ese misterioso ocultamiento de la luz. Seamos pacientes. No dejemos el camino emprendido. No huyamos al primer golpe. No tiremos la vocación, la misión por la ventana. Sepamos esperar, puesto que los golpes de la vida, que Dios permite, son siempre golpes que vienen con una lección, y, tarde o temprano, saldrá a flote la razón de todo lo que vivimos. Que nada nos turbe y que nada nos espante, pues todo se pasa. Dios no se muda y la paciencia todo lo alcanza, decía santa Teresa, quien entendía bien de estos momentos de oscuridad.

La realidad que vivimos y enfrentamos todos los días tiene criterios muy distintos a los criterios de Jesús. En ocasiones el mundo tiene un modo de pensar ajeno al amor, a la misericordia, a las bienaventuranzas. Se promueve el placer pasajero, la mentira, el aprovechamiento injusto del prójimo. Se proclama dichoso a quien triunfa independientemente de los medios que usa para ello. No es así, el modo de ser cristiano. El cristiano se transforma día a día por la renovación de su mente. Se permea de una realidad sobrenatural, y en el mundo sobrenatural existe una verdad: la verdad del amor. La verdad del amor de Dios que nos ha amado hasta darnos a su Hijo unigénito y la verdad del hombre. El hombre es capaz de Dios, es capaz de sentir, de disfrutar, de conocer su amor, de descubrir su bondad y experimentar su cercanía. No nos ajustemos a los modos de ser del mundo y a los modos de ser de nuestros estados anímicos, vivamos en plenitud, dando a los demás una razón para vivir caminando siempre de la mano de Dios.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros.

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