Felicidades a El Horizonte por el décimo tercer año de “contar la verdad como es”. Gracias a Luis Padua y a todo el equipo por permitirme, desde hace ocho años, ser parte de esta aventura informativa.
Con frecuencia se habla de la soledad del despacho en el que se encuentran los políticos en funciones de gobierno, son las cabezas de un aparato monstruoso y dependen de los informes de sus segundos. La Presidenta atraviesa por un momento de soledad angustiante.
En las recientes semanas la imagen presidencial se ha visto manchada por la desinformación o mala información que llega al despacho por parte de sus colaboradores, es oportuno revisar y redirigir el timón pues se puede estar en soledad, pero no solo y menos manipulado por los cercanos.
En las mañaneras se escuchan excusas, justificaciones, defensas a ultranza por los errores del equipo; todo queda en un regaño privado (si es que existe) para los incumplidos, pero la mandataria, quien debe exponer su imagen, su credibilidad y su capital político, es quien, un día sí y otro también, afronta el peso de la responsabilidad y el juicio en la opinión pública.
Se descarriló un tren hace meses y la versión oficial desde la mañanera fue culpar al maquinista por exceder la velocidad de una locomotora manejada sin las competencias para hacerlo. A la fecha, nadie cree en la versión del maquinista, hubo pruebas documentadas sobre la corrupción del sexenio “macuspano” en los materiales utilizados.
Se descubrió el robo, contrabando y comercio ilegal de combustibles al que optaron por llamar huachicol de cuello blanco, pero nunca salieron nombres o responsables; sobre los involucrados no se supo nada. En las versiones no oficiales se conoce del involucramiento, nuevamente, del hijo del macuspano; otra vez, a dar la cara por culpas ajenas.
Recientemente, el Poder Ejecutivo envió una iniciativa de reforma político-electoral, la cual fue rechazada; mientras tanto, a la mandataria le informaban que todo iba viento en popa.
Un mes atrás de esta publicación aparecieron derrames de petróleo en las costas del Golfo de México; a la oficina presidencial le venden la desinformación de que aquello era producto de una empresa operando sin controles de calidad.
Casi un mes se sostuvo la versión de que Pemex estaba limpio; mientras tanto, la imagen presidencial, enchapopotada. Al final, la realidad surge: es la empresa mexicana la que contamina las costas. ¿Acaso alguien asumió culpas? Todo quedó en la manipulación de información por dos funcionarios menores.
En días pasados murieron dos agentes de la CIA al trasladarse luego de un operativo contra la delincuencia organizada; a la mandataria le informaron que la gobernadora de Chihuahua decidió violar el pacto federal y, en forma local, colaborar y operar junto con la agencia norteamericana.
La reacción no esperó: se exhiben imágenes en donde aparecen miembros de las fuerzas armadas junto a los extranjeros. Entonces, ¿fue operativo local o consistió en un operativo conjunto entre fuerzas nacionales y la CIA?
En la mañanera, las reacciones fueron contundentes contra la gobernadora; de nuevo, la primera magistrada del país es expuesta por su desinformación, vuelve a aparecer como desinformada de lo que sucede en el país y, en particular, en su equipo de trabajo.
En la soledad del despacho presidencial son frecuentes los lambiscones, los malquerientes, los desinformantes, aquellos que terminan con más poder que el mandatario, pues pueden manipularlo y tener control de los demás funcionarios.
Es tiempo de revisar, evaluar, establecer controles de daño y tomar decisiones enérgicas con quienes mienten y manipulan “la soledad del despacho” a costa de la imagen presidencial.
Ya se volvió costumbre que la Presidencia pague los errores del equipo.
