En tanto que el mundo se colapsa entre conflictos de interés disfrazados de guerras, orientaciones políticas, sistemas de gobierno, diplomacia autoritaria, tratados que no se cumplen, corrupción, desapariciones, pugnas preelectorales, homicidios, robos, asaltos, inseguridad y un largo etcétera que al ciudadano común y corriente le pega desde largas y muy, pero muy cortas distancias, hemos de ser consientes, exactos y precisos en reconocer en que toda esta avalancha de situaciones adversas proviene, tristemente, del servicio público que se supone debe procurar el bienestar de las comunidades, los pueblos y las naciones y que, en su ejercicio, no debería afectar a terceros.
Y es que, estimado lector, en el continuo transcurrir de los tiempos seguimos avanzando en este camino llamado vida, mientras que a otros —con menos suerte o cumpliendo su ciclo— su destino los ha bajado de este tren de la vida; el servicio público, como menester principal donde emergen las políticas públicas de los gobiernos, tiene, a diferencia del ser humano, una vida prolongada, por no decir permanente (pues no hay que olvidar las locuras y amenazas de desaparecer a la civilización con un solo botón), y que, se supone, debería actuar con una empatía que busca de preservar la vida y el bienestar social de las cada vez más crecientes comunidades.
Pero la turbia mentalidad en el orden global de los líderes, que mayormente son elegidos bajo el manto sospechoso de la democracia, está más revuelta que una pasta de espagueti italiano, donde el ciudadano común y corriente, interpretando su papel como tal de generar los recursos con su trabajo o actividad para sostener, mediante sus contribuciones tributarias, a estos líderes y a sus respectivas estructuras de gobierno, es sometido al arbitrio de los sabios y notables políticos, que, visto está, actúan más por conveniencia particular, personal, partidista o ideológica que por los beneficios colectivos, sociales y comunitarios.
Y es que, en esas vueltas que da el reloj, van llegando a su sitio los tiempos preelectorales, tanto que las manecillas, avanzando, van calentando el ambiente, tornando su color a candente en medio de la lucha política por destrozar adversarios y obtener un camino libre en la búsqueda del liderazgo para dirigir los destinos de las comunidades, incluyendo la nuestra.
Por ello, mediáticamente, desde hace rato en nuestro entorno se libran varias batallas en distintos frentes y de distintos colores para desprestigiar, inhabilitar y destruir, en una rebatinga política donde el ciudadano solo ve pasar, sobre su cabeza, los obuses políticamente dirigidos a aniquilar oponentes y adversarios en esa vehemente y voraz búsqueda del poder político y sus liderazgos.
Por ello, hoy experimentamos conflictos políticos internos en el otrora Honorable Congreso y el Ejecutivo por cuestiones en la publicación de leyes, decretos y presupuestos que mantienen en la lona el crecimiento del estado, sin dejar pasar el “borrón” político que le recetaron a la ahora exsecretaria de Desarrollo Humano e Igualdad de Monterrey, que, por sus “inhumanas” y desleales acciones, fue acusada de extorsión y falsedad de declaraciones y que hasta al “fresco bote” fue a dar.
También hay que recordar las acusaciones por la contratación de servicios para la generación de energía eléctrica para la ciudad capital que, hasta el día de hoy, no han generado el voltaje de una pila doble AA. De igual forma, el golpeteo político que se ha dado por destruir la rotonda debajo de “La mona del Arco” para restituir carriles y liberar la caótica vialidad en esa zona.
Y así, estimado lector, las patadas bajo la mesa y por encima de ella, en estos tiempos preelectorales, cada día se pondrán más difíciles, olvidándose estos actores y aspirantes a líderes de la esencia del servicio público, que es la vocación de servir a la comunidad y, muy contrario a lo que hoy se practica, servirse de la comunidad.
Ante ello, estimado lector, tenemos como ciudadanos que ser cautos, analíticos y certeros en estudiar, de “aquí pa’l real”, el comportamiento de los aspirantes a los cargos públicos que pronto quedarán vacantes, pues de nuestra libre, democrática y personalísima elección dependerá concretamente el futuro de nuestras comunidades, de nuestros estados, de nuestro país y del mundo.
Por hoy es todo. Medite lo que le platico, estimado lector. Esperando que el de hoy sea un reflexivo inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco, con sus hermosas palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos, Dios mediante, aquí el próximo lunes.
