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Opinión

Carmen Lilia Canturosas con visión de Estado

Protágoras

Hay informes de gobierno que se escuchan como un catálogo de cifras y hay otros que, entre número y número, dejan ver una manera de entender el poder. 

El segundo informe de Carmen Lilia Canturosas pertenece, me parece, a la segunda categoría. Y no lo digo por el volumen de datos, que es considerable, sino por el hilo que los une: la idea de que un gobierno municipal puede y debe pensar más allá de su propio trienio. 

Empecemos por lo que más pesa en política, que casi siempre es lo que menos se ve. Nuevo Laredo liquidó los $580 millones de pesos de deuda heredada de administraciones anteriores, y lo hizo un año antes de lo comprometido. Eso no es un dato contable, es una decisión política. Quien paga deudas que no contrajo está renunciando a gastar ese dinero en obra visible, en aplausos inmediatos, para dejarle a quien siga una ciudad sin hipotecas. A eso, en cualquier manual, se le llama visión de Estado.

Ese mismo criterio se repite en la obra pública. Más de $7,445 millones de pesos en 1,600 obras suena impresionante, pero lo que realmente importa es en qué se gastó: más de 60 kilómetros de colectores y drenaje, la planta internacional tratadora operando al doble de su capacidad, la Línea Morada para que la industria use agua tratada y deje el agua potable a las familias. Nadie corta listón por un drenaje. Y, sin embargo, ahí está el 40% de lo que hace que una ciudad fronteriza sea habitable a treinta años. 

Lo mismo con el Libramiento MEX II: $283 millones de pesos municipales para cerrar un pendiente federal de más de 25 años. Cuando un ayuntamiento decide resolver lo que otros niveles de gobierno dejaron a medias, está diciendo que la responsabilidad no se delega.

Hay, además, un dato que conviene subrayar porque no viene del propio gobierno: el INEGI, a través de la ENSU, coloca a Nuevo Laredo como el municipio más efectivo de Tamaulipas para resolver problemas urbanos, cuarto a nivel nacional, y como la ciudad del estado con menor percepción de inseguridad. El IMCO lo ubica primero en mercado laboral entre ciudades de su tamaño. Son mediciones externas, y en política eso vale más que cualquier autoelogio.

Y luego está la apuesta silenciosa: 251 escuelas rehabilitadas, 54,000 becas, una primaria nueva en El Progreso, conectividad para 10,000 universitarios y un museo de ciencia con planetario dentro de un viejo tanque de agua. Convertir infraestructura obsoleta en un espacio para que los niños miren las estrellas es, quizá, la mejor metáfora de este informe. 

Faltan cosas, siempre faltan. Pero lo que se presentó en Nuevo Laredo no es un balance de tres años, sino el borrador de una ciudad para las próximas décadas. Y eso, en la política mexicana de hoy, no es poca cosa.

¡¡Yássas!!

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