Estamos a un mes del día más esperado del año, y aclaro, para mí. El Super Bowl.
Sí, esa festividad pagana anual donde tu equipo se juega la vida y tú el hígado.
Apúntalo en tu agenda: 8 de febrero, Super Bowl LX, en Santa Clara, casa de los 49ers. Un templo sagrado… si eres fan de Kyle Shanahan, claro.
Y aunque falta camino, la NFL ya nos coquetea con dos elegidos.
En la AFC, los Denver Broncos, que no pisaban el gran escenario desde 2016.
Aquel adiós elegante de Peyton Manning, el tipo que lanzó espirales y comerciales de Nationwide a partes iguales.
En la NFC, los Seattle Seahawks, que andan caminando por la liga como si ya hubieran mandado grabar su nombre en el Vince Lombardi.
Seattle: tierra de cafés carísimos, vampiros que brillan y doctores que viven más drama que los Cleveland Browns.
Pero esta vez podría ser una historia real y sin guión de Shonda Rhimes.
A ver si te suelto una perlita para que presumas en la sobremesa:
El 2 de febrero de 2014, Seattle le estampó en la cara 43-8 a… ¡sí, a los Broncos!
Super Bowl XLVIII, MetLife Stadium.
Una paliza de esas que la abuela describiría como “para que aprenda”.
Diferencia de 35 puntos, una de las más crueles en la historia.
La Legion of Boom estaba tan filosa que hasta Marshawn Lynch habló… bueno, casi.
Y no es casualidad que vuelvan a sonar fuerte.
Seattle cerró 14-3, su mejor campaña en 50 años, respaldada por una defensa que parece rechazar touchdowns como si fueran correos de spam.
Sostuvieron ataques explosivos, incluso dejaron a los 49ers en tres miserables puntos, y eso ya es pedirle permiso al sol para brillar.
Pero antes de que instalen la confeti machine, tenemos al otro lado de la montaña:
Denver Broncos, también 14-3, mejor récord de toda la NFL, semilla #1 en la AFC, y dueños del raro súperpoder de hacer todo parecer fácil.
¿La revelación? Bo Nix.
Casi 3,900 yardas por pase, ataque terrestre arriba de 2,000, y una línea ofensiva que protege a su QB como si fuera caja fuerte del Tesoro.
Pero—y aquí viene el giro—
No es un duelo anunciado… todavía.
Porque hay 12 equipos más con el brazo levantado diciendo “¿y nosotros qué?”:
Bills, Jaguars, Steelers, Chargers, Patriots, Texans, Bears, Packers, Panthers, Rams, 49ers y Eagles.
Los Carolina Panthers entraron con 8-9, sí, récord perdedor.
La NFL no discrimina: si respiras y ganas tu División, bienvenido seas, pásale al VIP de los Playoffs.
Dato que nos encanta repetir:
Cuatro equipos siguen vírgenes.
Nada de anillos, ni cajón para guardarlos siquiera: Chargers (fueron y salieron regañados), Panthers (dos visitas, dos corazones rotos), Jaguars y Texans (ni han visto la alfombra roja).
Del otro lado del árbol genealógico, los jefes de las vitrinas: Steelers y Patriots: seis Lombardis cada uno. Porque sí, la vida no es justa.
Así que, antes de que alguien levante la piedra para coronar Campeones anticipados, recordaré una frase que algún coach sabio repetía en vestidores con olor a sudor y ego: “En Playoffs, nadie está muerto… hasta que el reloj dice cero”.
Y yo agregaría:
Prepárense. Porque febrero no perdona ilusos… ni quarterbacks nerviosos.
