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Opinión

El Mundial terminó, el desarrollo continúa 

Columna Invitada

Durante la preparación rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026 hubo quienes cuestionaron si las inversiones en infraestructura, conectividad y promoción internacional realmente generarían beneficios una vez concluido el torneo.

Hoy, una señal clara de que la estrategia fue acertada es que el vuelo directo Monterrey–París dejó de ser una ruta temporal para convertirse en una conexión permanente.

Cuando esta ruta despegó por primera vez, en abril de este año, lo hizo con la intención de ser temporal. Era, en el mejor de los casos, una apuesta para aprovechar los visitantes que podía traer la Copa del Mundo a Nuevo León.

La demanda superó lo previsto y por eso hoy tenemos la noticia de que esta ruta seguirá conectando al estado con París todo el año, con tres frecuencias semanales, operadas con aviones Boeing 787 Dreamliner, y no sólo durante el torneo.

Pero ningún vuelo permanente aterriza en un aeropuerto improvisado. Detrás de esta ruta hay una estrategia para convertir al Aeropuerto Internacional de Monterrey en uno a la altura de lo que nuestro estado merece. Una estrategia que apuesta por el trabajo coordinado entre Grupo OMA —el encargado de la renovación del aeropuerto— y el Gobierno del Estado, responsable de construir la infraestructura que rodea al aeropuerto, como las nuevas líneas del Metro o la nueva Autopista al Aeropuerto.

Muchos gobiernos concentran todos sus esfuerzos en garantizar que las semanas del evento transcurran sin contratiempos. La atención se centra en el espectáculo, la logística y la operación. Una vez que termina, la ciudad vuelve a la normalidad y las inversiones realizadas pierden parte de su impacto.

Nuevo León decidió ir más allá y apostar por construir un legado de futuro. Porque, desde el inicio, el Mundial fue entendido como una oportunidad y no como el objetivo final. La verdadera apuesta consistió en utilizar la atención internacional que genera el torneo para acelerar proyectos estratégicos que fortalecieran al estado mucho después de que el último aficionado regresara a casa.

Se ha impulsado la modernización del aeropuerto, la ampliación de rutas nacionales e internacionales, nuevas inversiones en movilidad, infraestructura urbana, espacios públicos y proyectos que elevan la competitividad de la entidad.

La permanencia del vuelo Monterrey–París es una muestra de esa visión. El Mundial abrió una ventana de oportunidad para fortalecer la presencia internacional de Nuevo León, atraer nuevos mercados y consolidar relaciones económicas que seguirán creciendo durante los próximos años.

Los grandes eventos deportivos pasan. La infraestructura, la conectividad y la reputación internacional permanecen. Porque cuando existe visión para convertir un momento extraordinario en oportunidades como estas, los beneficios se ven reflejados en empleos, inversiones, crecimiento económico y mejores condiciones para las futuras generaciones de Nuevo León.

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