Mucho se dijo, mucho se temió: que Nuevo León no estaría listo para el Mundial 2026, que por los retos en la movilidad, que por las obras en curso, etcétera.
Pero esos pronósticos apocalípticos —en buena medida atizados por intenciones políticas malsanas— en realidad fallaron: la prueba sí fue superada.
Los dos partidos de repechaje mundialista realizados en la Sultana del Norte se llevaron a cabo sin contratiempos, con buena fluidez vial, con mucha seguridad y, sobre todo, con un espíritu regio sumamente festivo y hasta sorprendentemente hospitalario.
Los primeros sorprendidos fueron los extranjeros, en particular los iraquíes y los bolivianos.
A los primeros, turistas provenientes de una nación árabe —o que venían de Estados Unidos, pero conservan raíces iraquíes—, les fascinó México y aún más la urbe regia, por su gente, su desarrollo, su modernidad y el nivel de servicios con los que se toparon; pero, sobre todo, por la calidez de una afición que, sin prejuicios, se volcó a apoyarlos por el simple gusto de festejar y recibir tan “exóticas” visitas.
Resultó incluso simpático ver cómo los nuevoleoneses —y en particular “las” nuevoleonesas— se tomaban fotos con los iraquíes, pero no con los jugadores de la selección, sino con los aficionados: esos simples mortales que viajaron miles de kilómetros a una ciudad que seguramente no conocían, pero que se convirtieron en una auténtica novedad, con su idioma distinto y sus banderas, aunque con rostros que curiosamente resultaban muy parecidos —y “bien parecidos”, según dejaron ver algunas chicas— a los mexicanos del norte.
La gente andaba en las calles feliz, agitando banderas y celebrando, como si se tratara de un clásico regiomontano, pero con ingredientes de novedad y una fiesta más ligera —porque aquí no se vivía con tanta intensidad—.
Los bolivianos también disfrutaron y admiraron Monterrey; no faltó quien subiera videos manifestando su impresión al ver un Ferrari y otros autos de lujo en la zona de Arboleda, en San Pedro. Incluso hubo comentarios en redes donde señalaban que “nunca los jugadores de Bolivia habían tenido la seguridad que ahora los cuidó”, luego de que camiones de la Guardia Nacional los escoltaban hacia sus entrenamientos.
Particularmente, hay que resaltar lo ordenados y exitosos que fueron los dispositivos viales implementados por el municipio de Guadalupe. La vialidad fluyó con gran regularidad y de la mejor manera posible. Además, hubo un férreo control: no se registraron actos de violencia ni incidentes que lamentar.
No es de extrañar: estas autoridades tienen experiencia con los partidos de Rayados en esa zona, incluyendo los más exigentes, como el Clásico.
Por ello, quien escribe se queda con la siguiente reflexión compartida por un aficionado regio en el Estadio BBVA durante el partido Irak-Bolivia:
“Me parece que Nuevo León será la mejor sede del Mundial, no solo dentro de México, sino una de las mejores en Norteamérica. ¿Por qué? Porque en Estados Unidos hacen las cosas más complicadas, y verás que llegar en tu auto particular a un partido del Mundial será prácticamente imposible. Además, la seguridad en Estados Unidos o Canadá terminará sintiéndose más represiva que festiva. Acá en México somos increíblemente hospitalarios, tratamos bien a los extranjeros y nunca les hacemos mala cara; al contrario. Y en estos partidos de repechaje, los regios nos estuvimos comportando a la altura. La vialidad y la seguridad estuvieron impecables. No creo que se vaya a disfrutar mejor la fiesta, con comodidad y seguridad, como se disfrutará aquí, en la Sultana del Norte”.
Así lo expresó un joven a este autor. Y parece que hay mucho de cierto en sus palabras, así que aquí las dejamos.
