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Opinión

Viveros con padrino

Protágoras

Platiquemos de algo que puede salir mejor de lo que parece. Pepe Schekaiban, diputado del PAN por Tampico y presidente de la Comisión de Desarrollo Sustentable del Congreso de Tamaulipas, participó en la Ciudad de México en el encuentro anual de la RELECC, la red de legisladores contra el cambio climático. 

El tema fue financiar la transición energética desde los congresos locales, y él presentó su propuesta de viveros didácticos en los 43 municipios del estado. Pero hay un cabo suelto, la reforma al Código Municipal que todas las bancadas aplaudieron en junio no trae presupuesto etiquetado. 

La tarea recae en ayuntamientos que apenas cubren nómina. Y el Congreso lo controla Morena, mientras el presupuesto lo arma el gobernador Américo Villarreal. Sin acuerdo con Palacio, la idea se queda en papel. Aunque hay una salida que nadie ha propuesto. La Agenda 2030 de Naciones Unidas, en su objetivo 17, dice que los gobiernos no pueden solos y las alianzas con el sector privado son parte del plan. Tamaulipas tiene en Altamira y Tampico un corredor industrial enorme, con empresas que ya reportan metas de sostenibilidad. 

Que cada una adopte un vivero, con convenio público, metas medibles y rendición de cuentas, cumple la ley sin cargarle el costo al municipio. ¿Va a esperar el diputado a que llegue un presupuesto que no vendrá, o va a tocar puertas en la industria? Le proponemos a Schekaiban convocar a las cámaras empresariales antes de diciembre y firmar los primeros convenios. Esa foto sí valdría la pena. 

La Agenda 2030 necesita empresas, no solo discursos.

EL AGUA QUE SÍ SE COMPARTE

Le cuento algo que me quedó dando vueltas. La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dijo en su Segundo Informe que la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte. Pero yo pensé en el Río Bravo, porque el agua de Tamaulipas sí se comparte, y se comparte con Estados Unidos. 

Va la historia sencilla. Por el Tratado de Aguas de 1944, México debía agua a Texas. Con presión de Washington, en diciembre pasado el gobierno acordó pagarla, y la Presidenta ha repetido que ya cumplimos. Esa agua sale de las presas de la frontera, las mismas que riegan los distritos 025 y 026 aquí en el norte del estado. 

Ahora fíjese en el gobernador Américo Villarreal Anaya, el sábado presumió $7,500 millones de pesos federales en obras de agua y en modernizar esos mismos distritos. Suena a regalo. En realidad es la factura. La tecnificación se anunció para que los productores gasten menos agua y así alcance para la entrega al vecino. 

El campesino de Río Bravo o Reynosa pone el sacrificio y el discurso se lo llevan otros. Nadie miente, pero nadie lo dice completo. Se llama soberanía y se paga con agua tamaulipeca. ¿Cuánta agua exactamente dejó de llegar a nuestros ejidos y quién lo firmó?

¡¡¡Yássas!!!

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