Más de 2 mil 100 jinetes recorrieron Ciudad Victoria el 29 de agosto en la Cabalgata de la Unidad que encabezó el gobernador Américo Villarreal Anaya, como cierre de las asambleas convocadas por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Todo muy bonito, tradicional y fotografiable, aunque si uno se toma un café y mira con calma, ahí no se estaba defendiendo únicamente la soberanía, también se estaba midiendo quién trae más gente detrás.
Empecemos por lo que no se ve en las fotos oficiales. Estuvieron los 43 alcaldes, pero no apareció Carlos Peña Ortiz, alcalde de Reynosa, el municipio con más votos de Tamaulipas, y esa silla vacía en un evento llamado justamente “de la unidad” dice bastante.
Humberto Prieto Herrera, líder del Congreso local, terminó hasta la quinta fila, mientras que Eduardo Gattás, alcalde de Victoria, iba apaciguando el caballo de Pepe Braña, diputado federal que ya levantó la mano para quedarse con la alcaldía que hoy ocupa Gattás. Esa escena es la metáfora entera del 2027.
Súmele que el mismo día se inauguró la prolongación del bulevar José López Portillo y que la Universidad Autónoma de Tamaulipas ayudó a organizar todo, con recursos que salen de nuestros impuestos. Entonces la pregunta incómoda es sencilla: ¿estamos viendo unidad o estamos viendo una fila ordenada para repartir candidaturas? Le propongo algo sencillo. Pregúntele a su alcalde cuánto costó llevar gente a Victoria y de qué partida salió. Si la unidad es tan fuerte, también aguanta preguntas.
EL VERDE SÍ IMPORTA EN REYNOSA
Durante años el Partido Verde fue en Tamaulipas un acompañante cómodo, el socio que ponía la firma en el convenio y se conformaba con lo que le tocara.
En 2024 nadie lo volteaba a ver. Rumbo a 2027 el cálculo cambió, y no por discurso, sino por tres hechos concretos que ya están sobre la mesa.
EL TABLERO UNO. REYNOSA SE QUEDA SIN SU DUEÑO
Carlos Peña Ortiz gobierna su segundo trienio, de 2024 a 2027, y la reforma electoral que el Congreso local aprobó en mayo de 2026 lo dejó fuera de una nueva reelección consecutiva. Con reforma o sin ella, el clan Peña Ortiz llega al final de doce años de control municipal sin una segunda línea evidente. Nadie en ese equipo tiene hoy nombre propio suficiente para heredar la ciudad.
DOS. EL VERDE DEJÓ DE SER COMPARSA
Su dirigencia estatal, encabezada por Manuel Muñoz Cano, presume un crecimiento de afiliación superior al 200 por ciento respecto a la votación previa y ha repetido en público que irá con candidatas y candidatos propios en 2027. Su representante ante el IETAM, Esmeralda Peña Jácome, ya puso el reloj sobre la mesa: los convenios de coalición con Morena y el PT no se firman antes de diciembre. Eso no es un trámite administrativo, es una postura de negociación, y quien fija la fecha fija también el precio.
TRES. LA MARCA MAKI VIVE EN EL VERDE
Y ahí está el nudo de todo lo demás. El factor Ortiz: el activo y el pasivo Maki Esther Ortiz Domínguez es hoy senadora por el PVEM, aunque llegó a la Cámara por San Luis Potosí y no por Tamaulipas, un detalle que sus adversarios usan una y otra vez para cuestionarle arraigo.
En mayo de 2026, Arturo Escobar, coordinador nacional del partido, la destapó como su carta para la gubernatura de 2028, y la dirigencia nacional aterrizó en Reynosa: Karen Castrejón visitó la ciudad y se abrió una Casa Verde local.
Aquí está la anomalía que ningún operador quiere nombrar en voz alta. La madre milita en el Verde y el hijo gobierna por Morena. Dos siglas de la misma coalición funcionando bajo un solo mando familiar, algo que en cualquier otro estado sería el escándalo de la semana y que aquí se comenta en corto y se deja pasar.
El activo es evidente: nombre reconocido, estructura probada y una ciudad que la conoce. El pasivo también, aunque se dice menos. Es un proyecto que descansa en una sola persona, sin segunda línea de sucesión. Si a esa persona le pasa algo, político o legal, no hay quién sostenga el edificio.
La lectura política Para Maki Ortiz, la alcaldía de Reynosa en 2027 no es el premio. Es la plataforma territorial para 2028. Necesita que Reynosa la gobierne alguien suyo, porque sin esa base la candidatura a la gubernatura se queda en anuncio. De ahí salen dos escenarios y los dos ya se están jugando.
Si Morena le entrega la candidatura a un perfil de su confianza, el Verde va en coalición sin ruido y cobra regidurías. Si no se la entrega, el escenario crudo es que juegue con candidato propio bajo las siglas del PVEM, sin importarle el acuerdo cupular de la coalición. Esa es la única hipótesis sólida que sostiene toda la especulación sobre candidatos del Verde en Reynosa. Lo demás es relleno.
Entonces la pregunta incómoda no es cuántos afiliados sumó el Verde. Es otra: ¿alguien en Reynosa está construyendo un partido, o solamente se está mudando un apellido de casa? Le propongo algo antes de diciembre. Pregunte en las asambleas del Verde y en las de Morena quién más, además del apellido Ortiz, tiene nombre para competir por Reynosa. Si en las dos le responden con la misma familia, ya sabe usted qué se está negociando en realidad.
¡¡Yássas!!
