No exagero: muchos legisladores federales quieren que antes de que publiques un meme o te burles de una figura pública te preguntes asustado: ¿y si esto constituye un delito?
No sé si sea un error o una amenaza internacional el artículo 403 Bis aprobado por Morena y sus aliados.
Dicha reforma fija penas de uno a cinco años de prisión para quien utilice, reproduzca, imite o incorpore, “a escala comercial”, la identidad gráfica institucional o documentos oficiales de cualquiera de los tres órdenes de gobierno con la intención de inducir al error o al engaño sobre su origen oficial para cometer un ilícito.
Leída esta iniciativa “por encimita”, parece razonable. No lo es. Nadie puede defender que alguien fabrique una página falsa del SAT. Eso sí es un delito.
El problema que yo veo es que una cosa es lo que pretende castigar una ley y otra, qué podría terminar castigando.
La redacción original de esta reforma contemplaba penas de hasta siete años. Después de las críticas que formulamos algunos críticos —menos de los que se esperarían—, se modificó, pero la norma sigue amenazando a la parodia, la sátira política, la caricatura, el meme y el análisis político.
Y, como bien decía el novelista político italiano, “en materia penal las ambigüedades nunca son inocentes”.
Una norma que amenaza con cárcel debe delimitar con precisión dónde comienza el delito y dónde termina el ejercicio legítimo de una libertad. Si dicha frontera depende demasiado de la interpretación de fiscales, autoridades y jueces, aparece uno de los mecanismos de censura más antiguos y brutales del poder: el miedo.
No necesito prohibirte hablar, sino que me basta con conseguir que tengas miedo de hacerlo.
Ya sé que el oficialismo insiste en que la finalidad de la reforma es combatir la piratería y proteger la propiedad industrial. Está bien.
Sin embargo, propongo una solución a tantas confusiones: que la ley diga claramente que ninguna sátira, parodia, caricatura, meme, crítica de prensa o columna como esta de Agenda Poder pueda constituir el delito previsto por el artículo 403 Bis.
Si la intención no es censurar, ¿por qué dejan abierta la posibilidad de hacerlo?
Nuevo León es un estado donde hace mucho que la política dejó de discutirse en prensa o noticieros. También las campañas se libran en TikTok, Instagram, X, Facebook y WhatsApp. Ni modo. Un video de 20 segundos puede destruir en unas horas lo que un equipo de comunicación de un próximo candidato construyó durante años. El meme, nos guste o no, se ha convertido en arma eficaz de esa conversación pública.
Y eso se multiplicará, nos guste o no, según se acerque la próxima elección por la gubernatura donde a todas luces estará Adrián de la Garza, Clara Luz Flores y, si se concreta el plan de MC, Mariana Rodríguez.
Y es que quizá, pero solamente quizá, la censura más eficaz es aquella que consigue que el poder ya no tenga que callarnos porque nos haga aprender a callarnos solos. Así se incuba el autoritarismo.
