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Opinión

CNBV bajo la lupa de Washington: los fraudes que precipitaron el relevo

Columna Invitada

El reciente nombramiento de Ángel Cabrera Mendoza como titular de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) no puede entenderse aislado del contexto geopolítico y financiero que enfrenta México. Si bien el discurso oficial lo plantea como una transición institucional normal, lo cierto es que la presión ejercida por el gobierno de Estados Unidos y, en particular, por el Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), jugó un papel determinante en este relevo. Washington ha elevado sus advertencias en torno al riesgo que representa el sistema financiero mexicano como posible canal para el lavado de dinero y el financiamiento ilícito, como en los casos de Vector, Intercam y CI Banco. 

La CNBV, como ente regulador y supervisor, ha fallado en los últimos años en su capacidad preventiva. La evidencia está en los casos recientes que marcaron la agenda: Grupo Peak, señalado por operaciones con recursos de procedencia ilícita; Financiera Trinitas, que atrajo a miles de ahorradores con rendimientos imposibles y terminó en investigaciones por presunto fraude y lavado; Alivio Capital, donde la opacidad en la captación de recursos encendió alertas dentro y fuera del país; y Yox Holding, que, aunque por su naturaleza jurídica como S.A. de C.V. se le otorgó registro de asesores independiente y, ante una alerta de la CNBV por captación ilegal, en poco tiempo se resolvió a favor de YOX Holding, dando confianza, pero que después termino en 50,000 afectados. 

Todos estos episodios comparten un denominador común: la reacción de la autoridad llegó tarde. La supervisión fue más reactiva que preventiva. Mientras los inversionistas perdían su dinero y la confianza en el sistema se erosionaba, la CNBV se limitaba a intervenir después del colapso. Es aquí donde la presión internacional cobra relevancia. Para el gobierno estadounidense, los vacíos regulatorios mexicanos no solo representan un problema doméstico, sino un riesgo regional en materia de crimen organizado y financiamiento ilícito. 

El reto para Cabrera Mendoza será monumental. No se trata únicamente de “vigilar más”, sino de transformar a la CNBV en una institución que anticipe riesgos, que utilice inteligencia financiera avanzada y que actúe con independencia frente a intereses políticos o económicos. El nombramiento debe leerse como una oportunidad para reconfigurar la relación entre la regulación mexicana y el escrutinio global. 

La gran reflexión es clara: un sistema financiero sin credibilidad es un país sin futuro. Si la CNBV no asume su papel con visión de Estado, México seguirá pagando con desconfianza internacional y pérdida de inversiones. Cabrera Mendoza tiene ante sí la tarea de demostrar que la supervisión no se trata de apagar incendios, sino de evitar que se enciendan.

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