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Opinión

Nuestros problemas con la fe hoy: Un diagnóstico y una receta

Espiritualidad

En 2007, Charles Taylor escribió un libro titulado Una era secular (A Secular Age), que nos ofreció un análisis claro y exhaustivo de la era secular en la que vivimos y de las implicaciones que esto conlleva para nuestra fe. Más de mil años antes de eso, un autor anónimo del siglo XIV escribió un libro, La nube del no saber (The Cloud of Unknowing), que —de una manera que no resulta evidente a primera vista— responde a la pregunta fundamental que Taylor nos planteó.

Yo había leído tanto el libro de Taylor como La nube del no saber sin haber establecido una conexión entre ambos. Dicha conexión me fue señalada por una estudiante de doctorado cuya tesis estoy dirigiendo. ¿En qué consiste su tesis? Ella está poniendo en diálogo el análisis de Taylor sobre la secularidad con la intuición fundamental del autor anónimo de La nube del no saber. He aquí su tesis en pocas palabras:

Una de las formas en que Taylor define nuestra era secular es la siguiente: “El tránsito hacia la secularidad consiste en un desplazamiento desde una sociedad en la que la creencia en Dios resulta incuestionable y carente de problemas hacia una sociedad en la que dicha creencia se concibe como una opción más entre otras —y, con frecuencia, no precisamente la más fácil de adoptar—”. Taylor sugiere que son dos los factores que están confluyendo para propiciar este cambio.

En primer lugar, nos hemos convertido en lo que él denomina “personas blindadas”; es decir, hemos pasado de ser “un yo vulnerable ante multitud de temores religiosos y supersticiones a ser un yo blindado frente a todos los ‘espíritus’ que habitan en el mundo encantado”. Tengo edad suficiente como para haber crecido en ese mundo encantado, un mundo en el que los espíritus, los demonios y los poderes sobrenaturales acechaban bajo cada piedra, y en el que se solía rociar la casa con agua bendita durante las tormentas eléctricas.

En segundo lugar —según Taylor—, vivimos ahora inmersos en lo que él denomina una “cosmovisión inmanente”: un mundo secularizado que nos inculca la idea de que no existe otro mundo más allá de este y de que no necesitamos nada externo a él para alcanzar la plena realización, el sentido de la vida y la felicidad.

Taylor, un cristiano devoto, concluye afirmando que esta nueva situación no constituye una crisis de fe, sino más bien una crisis de imaginación. Los antiguos imaginarios, dentro de los cuales concebíamos nuestra fe, han dejado de resultarnos útiles. Necesitamos una nueva imaginación dentro de la cual visualizar nuestra fe.

¿Y de dónde podemos extraer esta nueva imaginación?

Según mi estudiante de doctorado, la nueva imaginación que necesitamos para volver a visualizar nuestra fe puede extraerse del consejo fundamental que se nos ofrece en La nube del no saber (The Cloud of Unknowing). Sin embargo, esto no resulta evidente de inmediato.

A primera vista, lo que este escritor anónimo del siglo XIV propugna es una sencilla práctica de oración —no muy distinta de lo que muchos denominan hoy en día “oración centrante”—, en la que uno acude a orar sin ningún plan preconcebido, sin peticiones ni palabras. Simplemente te sientas en silencio, sin expectativas, confiando sencillamente en que Dios te concederá aquello que verdaderamente necesitas.

No obstante, para el autor de La nube, esto no constituye una mera práctica de oración; es, más bien, una postura fundamental ante la vida misma. Es una postura de honestidad radical, de sinceridad radical, en la que uno se presenta con el alma desnuda ante sí mismo, ante la vida y ante Dios. ¿Qué es lo que se nos está diciendo aquí?

En resumidas cuentas, debido a la naturaleza “amortiguada” de nuestra persona y a nuestra conciencia inmanente, casi nunca nos hallamos con el alma plenamente desnuda; casi nunca somos plenamente sinceros (sine cere: sin cera); nunca somos plenamente nosotros mismos. Rara vez logramos trascender todas esas distracciones, ideologías, obsesiones culturales, traumas, fantasías y mentalidades de grupo que parecen teñir nuestra conciencia de manera perpetua.

Lo que La nube nos propone es que —como postura habitual ante la realidad— intentemos despojarnos de todo aquello que no es auténtico en nosotros, en un esfuerzo por situarnos al margen de todas nuestras distracciones y defensas: con el alma desnuda, incapaces de pensar o imaginar, limitándonos a pedirle a la vida y a Dios que nos concedan aquello que ni siquiera somos capaces de imaginar como lo mejor para nosotros.

Taylor sugiere que necesitamos una nueva imaginación dentro de la cual volver a visualizar nuestra fe. La nube, por su parte, sugiere que esa nueva imaginación que requerimos no surgirá como resultado de un ejercicio intelectual —de “pensarnos” hacia una nueva forma de visualizar nuestra fe—; antes bien, esa nueva imaginación nos será otorgada cuando nos situemos ante Dios con el espíritu desnudo, desprovistos de nuestra propia imaginación e incapaces de valernos por nosotros mismos. Será entonces —paradójicamente, cuando ya no podamos ayudarnos a nosotros mismos— cuando podremos recibir ayuda desde aquello que trasciende nuestro “yo amortiguado” y la prisión virtual e inmanente en la que vivimos. La vida y Dios pueden ahora fluir hacia nosotros —y hacerlo de una manera incontaminada—, precisamente porque nos hallamos desnudos, indefensos y desprovistos de saber ante el misterio de nosotros mismos, de la vida y de Dios.

San Juan de la Cruz formula esta invitación de la siguiente manera: “Aprende a entender más por el no entender que por el entender”.

Lo que esto significa es que, paradójicamente, la fe comienza precisamente en aquel punto donde nos sentimos tentados a creer que termina; es decir, en ese lugar donde nos encontramos desnudos e indefensos para siquiera imaginar la fe y a Dios.

¿Cuál es nuestra verdadera lucha por la fe en la actualidad? Charles Taylor nos ofrece un diagnóstico. ¿Qué debemos hacer en medio de esta lucha? La nube del no saber nos brinda una prescripción.

Ron Rolheiser. OMI
www.ronrolheiser.com

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