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Opinión

¿Cómo es la Generación Z que asistió a la marcha de protesta en Monterrey?

Sin Censura

El problema de los adultos es que no entendemos a la Generación Z, es decir, a los nacidos entre 1997 y 2012. 

He leído todo lo que escribió Charles Dickens. Tengo 5 primeras ediciones de novelas suyas que compré en Londres con grandes sacrificios en todos los sentidos y, en su honor, bauticé a mi empresa como Dickens Group. 

Charles Dickens no es un narrador; es un género literario. Es el inventor de un espectacular universo muy parecido a la época victoriana. Sus novelas, además de divertidas y profundas, denuncian al poder judicial, a las instituciones de gobierno abusivas y corruptas, a las asociaciones de beneficencia que no son más que lavado de dinero y a los vicios que manchan la dignidad del ser humano. 

En busca del Dickens japonés llegué no a un narrador, sino a un mangaka, un artista de manga (dibujos de cómic oriental) o creador de historietas. Se llama Eiichiro Oda. 

Al igual que Dickens, este mangaka ha publicado íntegramente su obra en forma de folletín; dedica más de 13 horas diarias a plasmar en papel sus fantasías y lleva poco más de 25 años encorvado en su escritorio. 

A diferencia de Dickens, el ahora cincuentón Eiichiro Oda consagró su vida a una sola obra, monumental y minuciosa: se titula One Piece. 

De ser un manga —un cómic impreso con millones de reproducciones en todos los idiomas—, One Piece pasó a ser un anime (un cómic animado). Y de ser un anime, One Piece pasó a sintetizar las características, las formas de pensar y las condiciones de la generación Z, o sea, la Gen Z o Centennials. 

Comencé a comprar los folletines orientales de One Piece en 2015 y sigo leyendo esta saga —o serie de arcos narrativos— que parecería no tener fin, hasta que su autor prometió, hace algunas semanas, que pondrá punto final a su odisea el próximo año. En 2026 se sabrá dónde está escondido el tesoro que todos sus lectores buscamos junto con sus exóticos protagonistas. 

Los jóvenes piratas de One Piece son libertarios.

Se enfrentan a un gobierno mundial, despótico y corrupto, no a partir de la violencia, sino de la camaradería, que en japonés se denomina Nakama. 

Actúan en grupo, pero distinguen su individualidad y sus fines personales. Aman la libertad tanto como su autonomía. Además, igual que el protagonista de One Piece, llamado Monkey D. Luffy, son de goma, resilientes y adaptables. 

Como “early adopter” de One Piece, no conozco mejor a la Gen Z. Solo estoy consciente de que los conozco poco. Nos dividen varias décadas y experiencias diferentes. Nací en otra isla y me crié en otras costas. Aun así, los considero mis Nakama. 

Ellos nacieron junto con la obra de Eiichiro Oda. Crecieron a la par de la publicación de One Piece y van madurando de la mano de Luffy y su tripulación de barco pirata. 

Esa generación Z es la que participó en la marcha del pasado 15 de noviembre. Sobre todo, quienes asistieron a la marcha de Monterrey. Genuinos opositores al autoritarismo y la represión; auténticos pacifistas —el verdadero libertario es un pacifista, enemigo de la guerra y de las fronteras porque el mar donde navegan no tiene fronteras— así como su fe es de optimismo frente a la adversidad, aunque sean un tanto ansiosos. Y no es para menos con los tiempos que corren. 

La ansiedad es la marca de la Generación Z que comprende el 31% de la población mundial. 

Los centennials en Nuevo León sufren similares condiciones de precariedad en múltiples aspectos vivenciales, pero en general viven mejor que sus homólogos de Chiapas o Michoacán donde el PIB es significativamente menor. Además, aquí tienen mejores accesos a educación media y superior, a la salud y a la movilidad. 

La tasa de absorción en educación superior es del 36.5% en Nuevo León, mayor al promedio mexicano del 29 por ciento. La esperanza de vida al nacer en nuestro estado es la más alta de México, alcanzando los 79 años en promedio, frente a los 75 años nacionales. Y es muy probable que la Gen Z muera en promedio a los 90 años. 

Hay de piratas a piratas. Nuestros jóvenes piratas nuevoleoneses aborrecen el “black bloc” (los bloques negros en las manifestaciones que queman comercios y rompen ventanas en otras ciudades), pero les gusta organizarse contra los males sociales; lo hacen con sus celulares —son nativos digitales—, ven mucho TikTok, Instagram, Twitch. Para ellos lo digital no es una herramienta, sino un entorno natural. 

Yo todavía leo en papel a Charles Dickens, y los Gen Z también leen en papel, aunque de atrás para adelante —como se lee el manga— a One Piece y a los intrépidos muchachos del corsario Luffy y su bandera con un cráneo coronado por un sombrero de paja y una cinta roja. A ellos queremos heredarles un mejor país. Sin corruptos, ni narcos, ni transas, ni poderes en la sombra. Se los dice el viejo pirata Gold Roger. “¿Mi tesoro? Se los daré. Salgan a buscarlo. Está ahí, en algún lugar de este vasto mundo”.

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