Extorsión y doble moral
Consultor en estrategia, negociación, comunicación y manejo de crisis. Colabora en distintos medios como analista político enfocado en el poder, sus decisiones y sus consecuencias.
En los últimos años en México, el crimen organizado dio un giro en su modo de operación: pasó de las caravanas de decenas de vehículos armados transitando por las calles sin el menor recato, a una forma más discreta de ataque y operación. Pasó de tener infestadas las ciudades de los llamados “halcones”, que se situaban en calles y tiendas de conveniencia, al uso de tecnología que les permite operar de manera más eficaz y discreta. El uso de cámaras de videovigilancia, el hackeo de estas o el uso de drones les permite tener ojos en todos lados sin tener una nómina tan extensa como la tenían antes.
La presión de la administración Trump en contra de la violencia que ejercen los grupos delictivos en México también ha sido decisiva para que estos migren a nuevas formas de operación. Cada vez es más complicado y caro el cruce de sustancias ilícitas, así como también el cruce de personas migrantes y algunos otros negocios que históricamente controlaban. Por eso la lucha contra el llamado “huachicol”, porque ahí encontraron una jugosa forma de hacerse de recursos de una manera medio lícita. Dije medio.
Como lo anotaba antes, lo complicado que ha resultado operar acciones ilícitas de este país al otro les ha hecho migrar a nuevas formas de obtener dinero. Una de ellas, que no es nueva, pero sí se ha incrementado, es la extorsión. La razón es sencilla: no cruzas lo que antes cruzabas, ahora buscas financiamiento de otra manera. Los números de cómo ha crecido este ilícito los ha dado a conocer el propio gobierno federal; por eso es que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, emprendió una campaña sin precedentes en contra de este delito en junio del año pasado.
No pienso citar las cifras del gobierno federal; quiero poner las cifras de un organismo que no tiene nada que ver con él, solo para dimensionar el tamaño del problema que esto significa. En su sitio oficial, la COPARMEX lanzó un comunicado en enero pasado, el cual se titula “Aumento de la extorsión mantiene presión creciente sobre las empresas y el empleo formal en el país”. Ahí nos deja ver un poco lo agudizado que se encuentra el problema; cito textual: “En comparación con 2015, el número anual de víctimas pasó de 6,223 a 11,081, lo que implica un aumento de casi 78.1% en 10 años, reflejando una tendencia sostenida que erosiona la actividad económica local. En 2025, 20 de las 32 entidades registraron un aumento en la variación anual de extorsión, lo que significa que en casi dos tercios del país este delito creció respecto al año previo”.
Ahora bien, ¿qué pasa en Tamaulipas? El asunto no es menor, pero tampoco es nuevo. Incluso no aparece como uno de los prioritarios de atención en este tema; sin embargo, podemos ver cómo la extorsión no se da solo por el crimen organizado: es un problema que se presenta incluso en sindicatos, que mediante la intimidación buscan hacerse de contratos o beneficios que están fuera de su actividad laboral.
En Reynosa, por ejemplo, una de las ciudades que más dinamismo económico tiene en el país, se encuentran un gran número de empresas maquiladoras, y es ahí donde entra el tema de la extorsión, ese delito que se da no solo por el crimen, también se ejerce desde cámaras, organismos o sindicatos que carecen incluso de oficinas. Esta práctica, por cierto, se tiene documentada en por lo menos una decena de audios en los que se escucha cómo sindicatos, por ejemplo, extorsionan, intimidan y agreden a directivos de empresas maquiladoras para hacerse con negocios que están dentro de las empresas con las que tienen contratos colectivos. ¿Qué buscan? Quedarse, por ejemplo, con el servicio de comida para los empleados, entre muchas otras cosas. ¿Quiénes son estos que con doble moral se olvidan de lo que ellos mismos realizan? Ya lo conocerá usted en las próximas entregas.
Así es como este delito no solo lo ejerce el crimen organizado, como lo quieren hacer creer; también lo realizan personajes que se escudan en tener cercanía con actores de la cuarta transformación, haciendo uso del discurso de la defensa del trabajador.
Aquí podremos ver cómo hasta los que se dicen ser “buenos” le andan compitiendo a los que les dicen “malos” en el jugoso negocio de la extorsión. Y todo esto pasa mientras el gobierno federal intenta luchar con un problema que crece y se agudiza, pero que también se disfraza y se esconde donde usted menos piensa.
Veredicto final
“Y no, no podrán decir que es inteligencia artificial o algo por el estilo, porque los denunciantes son de carne y hueso…”
