carlos_pena_10a94d754c
Opinión

Cómo una crisis en Medio Oriente terminó encareciendo el jitomate en México

Columna Invitada

El jitomate se ha convertido en el principal termómetro inflacionario de México durante 2026. Lo que parecía un simple incremento estacional terminó revelando la fragilidad de las cadenas agrícolas, energéticas y logísticas globales. 

Hoy, el tomate rojo no solo explica buena parte de la inflación no subyacente, sino también cómo un conflicto geopolítico a miles de kilómetros puede impactar directamente el bolsillo de las familias mexicanas. 

La inflación no subyacente agrupa productos altamente volátiles, principalmente agropecuarios y energéticos. Ahí es donde el jitomate tiene un peso desproporcionado. 

Datos de la Secretaría de Hacienda muestran que, durante el primer trimestre de 2026, el precio del jitomate aumentó 51.7% anual y explicó cerca del 88.7% del incremento de la inflación general promedio del trimestre. Incluso, el secretario de Hacienda señaló recientemente que “el 90% de la variación inflacionaria reciente se explica por el jitomate”. 

El fenómeno no responde únicamente a una menor producción local. La reducción de cosechas en Sinaloa, las plagas y las heladas en Florida elevaron la demanda internacional de jitomate mexicano, reduciendo la oferta doméstica. 

En algunos puntos del país, el kilo llegó hasta los $98 pesos, niveles históricamente altos. Sin embargo, el elemento más relevante es el componente energético global. 

El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un factor central de presión inflacionaria. 

Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente elevaron el precio del Brent hacia niveles cercanos a $88 dólares por barril, aumentando costos de combustibles, transporte y fertilizantes. La relación parece indirecta, pero es profundamente estructural. 

La agricultura moderna depende intensamente de energía: diésel para maquinaria y transporte, gas natural para producir fertilizantes nitrogenados y combustibles para refrigeración y logística. 

Cuando sube el petróleo, automáticamente aumenta el costo de sembrar, cosechar y distribuir alimentos. Banxico ya advirtió que el encarecimiento de combustibles y fertilizantes está presionando alimentos básicos como jitomate, chile y cebolla. 

Esto explica por qué la inflación no subyacente se mantiene arriba de 5%, mientras la subyacente avanza más lentamente. 

El problema ya no es únicamente monetario; es geopolítico y climático. México enfrenta una inflación importada vía energía y alimentos. 

La conclusión es clara: el jitomate dejó de ser un simple producto agrícola y se convirtió en un indicador adelantado del estrés global. 

Mientras persistantensiones en Ormuz, volatilidad energética y choques climáticos, la inflación alimentaria seguirá siendo uno de los mayores riesgos para México en 2026.

más del autor

La semana que definirá el pulso económico de Norteamérica

Cada semana existen indicadores económicos que alimentan la conversación de...

Los ETF ganadores: la lección de un año extraordinario para los inversionistas

Los últimos doce meses dejaron una enseñanza contundente para los mercados...

La cuenta regresiva del T-MEC ha comenzado

La economía no vive únicamente de cifras; vive, sobre todo, de la...

El Mundial: la fiesta que emociona… y también distrae

Cada cuatro años, el Mundial de Futbol paraliza al planeta. Millones de...

últimas opiniones

Enfermarse lujo privado en Monterrey 

El hijo de una amiga, que ha pasado por varias cirugías derivadas de un mal...

Nuevo León: lo premian como sede

Si algo dejó el Mundial FIFA, estimado lector, aparte de goles, miles de...

La trata no se evapora: se filtra

El próximo 30 de julio es el Día Mundial contra la Trata de Personas....

Siguiendo al papa. Del 17 al 23 de julio

El Papa León XIV: El Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y...

×