Opinión

Cómo una crisis en Medio Oriente terminó encareciendo el jitomate en México

Sección Editorial

  • Por: Carlos Peña
  • 18 Mayo 2026, 00:00

El jitomate se ha convertido en el principal termómetro inflacionario de México durante 2026. Lo que parecía un simple incremento estacional terminó revelando la fragilidad de las cadenas agrícolas, energéticas y logísticas globales. 

Hoy, el tomate rojo no solo explica buena parte de la inflación no subyacente, sino también cómo un conflicto geopolítico a miles de kilómetros puede impactar directamente el bolsillo de las familias mexicanas. 

La inflación no subyacente agrupa productos altamente volátiles, principalmente agropecuarios y energéticos. Ahí es donde el jitomate tiene un peso desproporcionado. 

Datos de la Secretaría de Hacienda muestran que, durante el primer trimestre de 2026, el precio del jitomate aumentó 51.7% anual y explicó cerca del 88.7% del incremento de la inflación general promedio del trimestre. Incluso, el secretario de Hacienda señaló recientemente que “el 90% de la variación inflacionaria reciente se explica por el jitomate”. 

El fenómeno no responde únicamente a una menor producción local. La reducción de cosechas en Sinaloa, las plagas y las heladas en Florida elevaron la demanda internacional de jitomate mexicano, reduciendo la oferta doméstica. 

En algunos puntos del país, el kilo llegó hasta los $98 pesos, niveles históricamente altos. Sin embargo, el elemento más relevante es el componente energético global. 

El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un factor central de presión inflacionaria. 

Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente elevaron el precio del Brent hacia niveles cercanos a $88 dólares por barril, aumentando costos de combustibles, transporte y fertilizantes. La relación parece indirecta, pero es profundamente estructural. 

La agricultura moderna depende intensamente de energía: diésel para maquinaria y transporte, gas natural para producir fertilizantes nitrogenados y combustibles para refrigeración y logística. 

Cuando sube el petróleo, automáticamente aumenta el costo de sembrar, cosechar y distribuir alimentos. Banxico ya advirtió que el encarecimiento de combustibles y fertilizantes está presionando alimentos básicos como jitomate, chile y cebolla. 

Esto explica por qué la inflación no subyacente se mantiene arriba de 5%, mientras la subyacente avanza más lentamente. 

El problema ya no es únicamente monetario; es geopolítico y climático. México enfrenta una inflación importada vía energía y alimentos. 

La conclusión es clara: el jitomate dejó de ser un simple producto agrícola y se convirtió en un indicador adelantado del estrés global. 

Mientras persistantensiones en Ormuz, volatilidad energética y choques climáticos, la inflación alimentaria seguirá siendo uno de los mayores riesgos para México en 2026.

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