Comprar diputados locales: deporte en NL
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 20 Octubre 2026, 04:59
En Nuevo León se compran y se venden las candidaturas y los votos.
¿Siempre ha sido así? Por supuesto. Pero ahora el mercado se ha vuelto más descarado.
Hay un olor a billete que ya no se disimula en los pasillos del Congreso local. Y cuentan que incluso en otros ámbitos.
No es rumor de café ni chisme de redes sociales: es el mecanismo mismo de la política regiomontana.
Se negocian candidaturas como locales comerciales en Paseo Morelos.
Se compran votos de diputados locales como quien adquiere un cartón de huevos en el supermercado.
El precio sube, la compraventa se infla y el ciudadano, al final, paga con impuestos y sin saber de tanto cinismo.
¿Qué ha cambiado últimamente? La escala y la impunidad. Antes el trato se cerraba con un apretón de manos y una promesa de “apoyo a posteriori”. El acuerdo era “te vamos a considerar para las próximas listas de pluris”, “tendrás un buen cargo en el gabinete si gano”.
Hoy se habla burdamente de cifras, de “dinero contante y sonante”, de diputados en subasta, de “operaciones de contención” cuando un legislador brinca de un partido a otro.
El mercado de la compraventa de diputados y votos en el Congreso local se profesionalizó.
Ya no basta con comprar una voluntad: se compran bloques enteros, se arman mayorías temporales y se deshacen al día siguiente si el precio mejora.
Pier Paolo Pasolini, un escritor que deberíamos leer en vez de tanto novelista local mediocre y tanta poeta de San Pedro que escribe ridiculeces, lo dijo proféticamente el 14 de noviembre de 1974 en el Corriere della Sera, en el texto titulado “Che cos’è questo golpe? Io so”.
Dijo Pasolini: “Yo sé perfectamente. Lo tanto calor. Pero no tengo pruebas. Ni siquiera tengo indicios. Lo sé porque observo, conecto hechos dispersos que restauran la lógica donde parece reinar el misterio”.
Pasolini no inventaba: describía el poder real, que nunca se deja fotografiar, pero que deja huellas por todas partes. Incluso se compran a dirigentes nacionales y se adquieren en la casa de bolsa de la desvergüenza candidaturas como franquicias. Y se compran en combo: “compro el boleto para competir y el derecho a nominar al resto de las candidaturas que gravitarán alrededor de la mía”.
En Nuevo León ocurre con frecuencia lo que dice Pasolini. No hace falta un video filtrado ni una denuncia formal con nombres y apellidos para saberlo.
Basta con mirar cómo se mueven las piezas cuando se acerca una elección interna, una reforma sensible o una alianza que nadie esperaba.
Los mismos actores, con las mismas caras y las mismas transas, cambian de trinchera con una naturalidad que solo se explica por el dinero o por la amenaza de perderlo.
El discurso público habla de “construcción de acuerdos”. El discurso privado habla de “cuánto cuesta cada mono”.
Y viene lo peor: ya no es solo que se compren y se vendan candidaturas y votos. Es que el sistema se ha acostumbrado tanto a esa práctica que ya no la considera corrupción, sino “costo de operación”.
Quien se niega a jugar queda fuera del tablero. Quien denuncia sin pruebas es tachado de resentido.
La normalización es más peligrosa que el delito mismo, porque convierte el delito en costumbre y la costumbre en regla no escrita.
Pasolini sabía que el poder no necesita ocultarlo todo. Solo necesita que la gente se canse de buscar las pruebas.
En Nuevo León esa fatiga ya se instaló en nuestros cerebros, incluso en los de colegas periodistas. Se habla del tema en voz baja, se ríe con amargura, se cambia de conversación.
Mientras tanto, las candidaturas siguen cotizando y los votos siguen teniendo precio.
No sé cuánto más puede aguantarse un sistema que ha convertido su propia legitimidad en mercancía.
Pero llegará el momento en que el mercado se saturará, los compradores se pelearán entre sí y el producto —la democracia local— se devaluará hasta volverse invendible. El deporte de comprar diputados se volverá de alto riesgo reputacional.
Ese momento no es hipotético. Está más cerca de lo que parece. Y vendrá con gases lacrimógenos y chorros de agua contra multitudes. Ya lo verán.
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