La afirmación de Donald Trump de que Venezuela entregaría hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos debe leerse más como una estrategia geopolítica y energética que como una simple transacción comercial.
Ese volumen equivale aproximadamente a US$2,000–3,000 millones, dependiendo del precio del crudo, y representa cerca de 40–45 días de producción venezolana, considerando que el país produce entre 1.0 y 1.2 millones de barriles diarios, aún muy por debajo de los 3.2 millones que producía antes de 2013.
Pro y contras para Venezuela
Pros:
- Liquidez inmediata para un Estado con reservas internacionales limitadas y una deuda externa impaga desde 2017.
- Alivio parcial de sanciones, permitiendo mayor operación de empresas occidentales y flujo tecnológico.
- Reapertura diplomática con EE.UU., rompiendo el aislamiento financiero.
Contras:
- Pérdida de soberanía energética, si EE.UU. controla la venta o destino de los ingresos.
- Riesgo político interno, al percibirse como cesión estratégica de activos nacionales.
- Limitado impacto estructural, ya que la industria petrolera venezolana requiere decenas de miles de millones de dólares y años para recuperarse plenamente.
Objetivo estratégico de Trump
El objetivo central de Trump no es Venezuela, sino Estados Unidos:
• Asegurar crudo pesado para refinerías del Golfo de México.
• Reducir presiones inflacionarias en combustibles en un contexto electoral.
• Desplazar influencia de China, Rusia e Irán en América Latina.
• Financiar una “transición política” venezolana sin costo fiscal directo para EE.UU.
Impacto para México
Para México, el efecto es indirecto pero relevante:
- Mayor oferta global de crudo presiona precios a la baja, afectando ingresos petroleros mexicanos y la recaudación ligada a PEMEX.
- Competencia directa para el crudo pesado mexicano en refinerías estadounidenses.
- Ventaja macroeconómica: precios moderados del petróleo ayudan a contener inflación y apoyan la política monetaria.
- Señal geopolítica: EE.UU. muestra que puede redefinir relaciones energéticas rápidamente; México debe leer esto como un aviso para blindar su relación estratégica y energética con Washington.
Conclusión, el acuerdo además del rescate a Venezuela, es una jugada de poder energético y diplomático. Para México, el mensaje es claro: en la nueva geopolítica del petróleo, quien no negocia estratégicamente, queda expuesto. La energía vuelve a ser un instrumento de control político, económico y regional.
