1. Y se llegó la hora. Anunciado desde 2018 en Rusia —¡los organizadores tuvieron ocho años para prepararse! —, hoy inicia la Copa Mundial de Futbol. Estos eventos no han estado exentos de polémica: el de Italia, en 1934, utilizado por Mussolini para relanzar su fascismo; el de Argentina, en 1978, respaldado por la Junta Militar; el reciente de Qatar, en 2022, acusado de opresiones laborales; y el nuestro, marcado por obras inconclusas, protestas y movilizaciones callejeras que afectan la vida cotidiana de millones, en un contexto internacional cada vez más amenazante.
2. Pero, como dicen que dijo Jorge Valdano —otros colocan como autor a Arrigo Sacchi, Eduardo Galeano y hasta a Juan Pablo II—, “el futbol es lo más importante de lo menos importante”. Durante más de un mes estaremos al pendiente de lo que suceda en las canchas de Canadá, EUA y México, siguiendo, si no todos, sí alguno de los partidos, pensando, al menos por un momento, que la vida transcurre entre alineaciones, fallas arbitrales, goles de último momento, faltas casi asesinas, triunfos y derrotas que impactan en el ánimo de una población necesitada de éxitos.
3. Durante estas semanas, los ojos del mundo entero estarán observando lo que sucede en Norteamérica, unida ahora por la organización del magno evento y cada vez más distante en el T-MEC. A nuestro país se le sigue admirando por su folclor, su comida, la hermosura de sus playas, la ancestral hospitalidad, sus pirámides, que son visitadas por millones, y, no puede faltar en cualquier reseña de nuestras bondades turísticas, el mariachi y el tequila. Nuestra afición futbolera ganaría cualquier competencia que se estableciera con otras semejantes.
4. Pero está la otra cara de la moneda, y periodistas y agencias informativas la están mostrando a sus países de origen. Los narcos mandan en amplias zonas del territorio nacional; la sospecha de que con ellos colaboran prominentes políticos y empresarios cada día crece más; la economía pende de alfileres —el tema de las pensiones es una bomba que estallará tarde o temprano, y las protestas de la CNTE son solo el principio—; y temas como inseguridad, la corrupción, los problemas de vialidad, el descenso educativo y un ominoso etcétera están ya sobre la mesa.
5. Nuestra zona conurbada es un claro ejemplo de este sombrío panorama. Es de pena ajena que uno de los estadios grandotes que tenemos no cumplió con las especificaciones acordadas con Suecia y Japón, para sus entrenamientos; da vergüenza que la pobreza les averguence a las autoridades, que taparon con un muro tejabanes en la colonia San Rafael para que no los vean los turistas; y vamos en camino de ser uno de los estados más huachicoleros: además de Santa Catarina, Allende, Escobedo y Cadereyta, se decomisaron 1.2 millones de litros en Apodaca.
6. Sin embargo, y no obstante lo anterior, hoy inicia el Mundial. Aunque no vayamos al estadio —los precios de los boletos están prohibitivos— ni sepamos mucho de los equipos, pues nos tocaron de tercera categoría, disfrutaremos del espectáculo frente a la tele, acompañados de familiares y amigos, armados de deliciosas botanas y espirituosas bebidas. A quienes el futbol nos ha acompañado desde niños, jugando en la calle y en campos llaneros, el Mundial es una oportunidad para sentirnos retratados en esos héroes de cuyas hazañas disfrutaremos… no obstante.
7. Cierre icónico. Pues la Presidenta no irá a la inauguración del referido Mundial. Dos son las posibles versiones de su negativa. La primera, acorde con el talante de CSP, es que con su gesto quiere criticar lo que se ha convertido un jugoso negocio para la FIFA. Por ello le regaló su boleto a una niña indígena. La otra, menos benigna hacia ella, ve en su ausencia el no querer exponerse a los abucheos del respetable, tal y como sucedió con Díaz Ordaz en las olimpiadas de 1968 y con De la Madrid en la Copa del Mundo de 1986. Protesta o miedo. Usted dirá.
