Construye tu propia espiral de bienestar
Sección Editorial
- Por: Marysol Flores
- 03 Junio 2026, 00:00
¿Te has sentido cansado últimamente? Yo también.
Durante tres domingos seguidos me sentí especialmente agotada, desmotivada y con pocas ganas de hacer las cosas que normalmente disfruto. Después de observarme un poco, me di cuenta de algo interesante: los domingos eran los días en los que desaparecía la prisa de la semana, el ir y venir constante, las tareas pendientes y hasta esa dosis de dopamina que a veces nos produce estar ocupados todo el tiempo. Cuando el ruido se apagaba, aparecía el cansancio.
Y aunque al principio pensé que simplemente necesitaba descansar más, entendí que estaba entrando en una espiral que iba hacia abajo: me sentía cansada, eso me desmotivaba, y la desmotivación me hacía sentir todavía más cansada y más triste. Así que decidí preguntarme algo diferente: ¿qué necesito para sentirme mejor?
Comencé con pequeños cambios.
Primero, hice una especie de detox digital de TikTok. Me di cuenta de que estaba dedicando demasiado tiempo a consumir contenido que no me aportaba nada y que, al final, me dejaba con la sensación de haber perdido tiempo valioso.
Segundo, regresé conscientemente al ejercicio. No como una obligación, sino como una forma de regalarle a mi cerebro esos neurotransmisores que favorecen el bienestar, la energía y el equilibrio emocional.
Tercero, hice una pausa para decir “no”. No a algunos compromisos, no a ciertas invitaciones y no a actividades que, aunque eran buenas, estaban ocupando un espacio que necesitaba recuperar para mí misma. A veces, decir “no” a otros es una manera de decirnos “sí” a nosotros mismos.
Cuarto, hablé con mi familia sobre cómo me sentía. A veces olvidamos lo importante que es sentirnos escuchados, acompañados y comprendidos por quienes amamos. Compartir nuestras emociones no resuelve mágicamente los problemas, pero sí hace que el peso sea más ligero cuando sabemos que no estamos solos.
Quinto, volví a poner atención en aquello que muchas veces damos por sentado: tener un hogar, salud, una familia, comida en la mesa, la posibilidad de moverme libremente y un automóvil que me lleva a donde necesito estar. Al detenerme a observar, descubrí que había mucho más por agradecer de lo que estaba viendo.
Y sexto, me acerqué más a mi vida espiritual. Dedicar tiempo a rezar, agradecer y encontrar sentido a lo que hago cada día me ayudó a recuperar perspectiva y serenidad. En medio de tantas responsabilidades, volver a conectar con aquello que considero trascendente me recordó que la vida es mucho más que cumplir pendientes.
Hasta aquí quiero dejar esta lista, aunque hubo algunas otras cosas que también me ayudaron. Lo importante es que todas ellas comenzaron a cambiar poco a poco la dirección de esa espiral que me estaba llevando hacia abajo. Curiosamente, unos días después, encontré una explicación para lo que estaba viviendo.
Durante una de las sesiones de mi clase de Claves de la Felicidad, una alumna llamada Naty nos presentó el trabajo de Barbara Fredrickson, una de las investigadoras más influyentes de la psicología positiva. Aunque ya había escuchado mencionar su nombre anteriormente, nunca me había detenido a profundizar en sus estudios. Mientras escuchaba su presentación, me di cuenta de algo sorprendente: sin haberlo planeado, muchas de las acciones que había comenzado a realizar coincidían exactamente con lo que Fredrickson describe como una espiral ascendente de emociones positivas.
Su teoría plantea que las emociones positivas no solamente nos hacen sentir bien por un momento. También amplían nuestra forma de pensar, nos ayudan a encontrar nuevas posibilidades y nos permiten construir recursos que fortalecen nuestro bienestar a largo plazo.
Entre sus aportaciones destacan cinco ideas fundamentales.
La primera es la Teoría de Ampliación, que propone que las emociones positivas abren nuestra mente y nos ayudan a encontrar más soluciones, alternativas y oportunidades.
La segunda es la Construcción de Recursos. Cuando experimentamos emociones positivas, desarrollamos recursos físicos, psicológicos, sociales y cognitivos que permanecen con nosotros incluso cuando enfrentamos dificultades.
La tercera es el llamado Efecto de Deshacer, que explica cómo las emociones positivas pueden actuar como un antídoto natural frente a los efectos del estrés, ayudando al cuerpo y a la mente a recuperar el equilibrio.
La cuarta es la Resonancia de Positividad, una hermosa idea que define el amor no como un sentimiento permanente, sino como pequeños momentos de conexión genuina, calidez y cercanía compartidos con otras personas.
Y la quinta es el concepto de Florecimiento, que describe cómo la acumulación de experiencias positivas nos permite ir más allá de simplemente sobrevivir para construir una vida más plena y significativa.
Mientras escuchaba estas ideas, entendí que mi bienestar no había regresado de golpe ni gracias a una sola decisión. Fue la suma de pequeños actos cotidianos la que comenzó a moverme en otra dirección.
Cada conversación significativa, cada caminata, cada momento de gratitud, cada límite saludable, cada oración y cada espacio de autocuidado fueron generando pequeñas emociones positivas que, poco a poco, comenzaron a construir algo más grande.
Quizá por eso el domingo pasado fue diferente. No desperté sintiéndome atrapada en el cansancio y la desmotivación como en las semanas anteriores. No puedo decir que todo cambió de un día para otro, porque la vida no funciona así. Pero sí sentí que algo dentro de mí estaba recuperando energía, esperanza y sentido.
Creo que ahí radica una de las enseñanzas más valiosas de Barbara Fredrickson: no necesitamos esperar a sentirnos completamente bien para comenzar a construir bienestar. A veces basta con una pequeña acción positiva para iniciar un cambio.
Una llamada. Una caminata. Un límite saludable. Una conversación sincera. Un momento de gratitud. Una oración. Pequeñas acciones que parecen insignificantes, pero que tienen el poder de cambiar la dirección de nuestros pensamientos, nuestras emociones y, eventualmente, nuestra vida. Y quizá esa sea la invitación de esta semana: preguntarnos qué pequeño paso podemos dar hoy para comenzar nuestra propia espiral hacia arriba.
Dra. Marysol Flores Martínez
TEDx Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx
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