A dos años, el sector empresarial mexicano convierte un caso local en una exigencia nacional.
La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Álvaro Obregón emitió un pronunciamiento con motivo del segundo aniversario del asesinato de Julio César Almanz Armas, ocurrido el 30 de julio de 2024 frente las oficinas de la Canaco de Matamoros, en la colonia Buenavista.
El organismo demanda resultados concretos en las investigaciones y el pleno esclarecimiento del caso. El planteamiento tiene un valor que conviene subrayar: la voz no proviene de la frontera, sino de la Ciudad de México.
Un cámar de la capital asume públicamente una exigencia que corresponde a todo el sistema camaral del país.
Cuando el reclamo se emite desde el centro, deja de ser un asunto regional y se convierte en un tema de agenda nacional.
El diagnóstico es claro: la delincuencia dejó de buscar únicamente ganancias ilegales y busca ahora condicionar la actividad económica.
De ahí el llamado central: una estrategia nacional de seguridad diseñada específicamente para el sector productivo, con coordinación entre los tres órdenes de gobierno y participación formal de los organismos empresariales.
EL TAMAULIPECO QUE NO CONOCE TAMAULIPAS
Rodolfo González Valderrama, hoy suena para delegado federal de los programas del Bienestar en Tamaulipas. Esa sería su plataforma: 43 municipios, recursos federales, entregas, foto. Un detalle incómodo: es exactamente la misma silla que ocupó en octubre de 2021 y que dejó cinco meses después, cuando perdió la interna y se regresó a la Ciudad de México.
Vuelve al mismo escritorio, a hacer la misma gira, por el mismo premio que ya perdió una vez. Y hay un problema con la plataforma. Bienestar no es una campaña: es una ventanilla. Su sucesor, Luis Lauro Reyes, lo dijo al llegar con todas sus letras: los programas sociales no se usarían con fines electorales.
Reyes acaba de renunciar. Y el nombre que circula para reemplazarlo es el de quien necesita, precisamente, una gira. Porque en Morena el reloj ya sonó: los coordinadores estatales, los que mañana serán candidatos, se definen a más tardar en noviembre de este año. Y el reparto real de poder es antes: 6 de junio de 2027, cuando se renuevan 43 alcaldías, 22 diputaciones locales y ocho federales. Rodolfo González Valderrama está preparando el examen final mientras pasan lista en la primera clase.
Otro detalle, y este duele, González Valderrama, en cuarenta años de servicio público, no ha ganado una sola elección. Ni una. Delegado, director, superdelegado, vocero: todos por nombramiento. Es suplente, incluso, de su propio padrino.
En un partido que ya no se decide en Palacio, sino en la encuesta, eso no es un dato biográfico. Es el diagnóstico completo. Tiene doctorado, oficio, lecturas y teléfono directo con quien coordina la Cámara.
Le falta lo único que se pesa en la báscula: gente que sepa quién es. Y ese es el fondo del asunto. El problema no es que Tamaulipas no conozca a Rodolfo González Valderrama. Es que Rodolfo González Valderrama tampoco conoce Tamaulipas. Una delegación federal entrega tarjetas. El arraigo no lo entrega nadie.
¡¡Yássas!!
