Cada Día Internacional de la Mujer es una fecha que nos invita a detenernos, mirar el camino recorrido y, sobre todo, reflexionar sobre lo que aún falta por construir.
Siempre he dicho que a las mujeres nos cuesta el doble todo, y durante el acto conmemorativo del domingo, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, hubo una frase con la que me sentí identificada porque me ha tocado vivirla: “Que ninguna mujer tenga que demostrar dos veces su capacidad para ocupar un lugar que merece”.
Quienes hemos recorrido espacios de liderazgo sabemos que esa frase es una realidad que muchas mujeres hemos vivido durante años.
Durante mucho tiempo, a las mujeres se nos pidió probar más, explicar más y demostrar más: demostrar que éramos capaces, que estábamos preparadas, que podíamos asumir responsabilidades que durante décadas fueron consideradas exclusivas de los hombres.
A muchas mujeres no solo se nos evaluaba por nuestro trabajo, sino por estereotipos, prejuicios o expectativas que nada tenían que ver con nuestro talento o vocación de servicio.
Por eso esa frase tiene tanto significado. Porque no se trata de pedir privilegios, sino de construir algo mucho más simple y mucho más justo: que el respeto sea la regla y no la excepción.
Que el talento de una mujer no sea cuestionado antes de ser reconocido.
Que su voz no tenga que ser más fuerte para ser escuchada. Que su presencia en los espacios de decisión deje de sorprender.
Pero también es importante entender que el 8 de marzo no solo habla del pasado ni de las dificultades que muchas mujeres han enfrentado. Habla, sobre todo, del presente y del futuro.
Hoy México vive un momento distinto. Cada vez hay más mujeres participando en la vida pública, en la ciencia, en la educación, en la economía y en la construcción de comunidades más justas. Mujeres que lideran proyectos, que impulsan cambios y que demuestran todos los días que el talento y la capacidad no tienen género.
La transformación más profunda ocurre cuando ese espacio de decisión deja de ser excepcional para las mujeres.
Ocurre cuando una niña crece viendo que el liderazgo femenino es algo natural.
Ocurre cuando una joven sabe que su voz tiene el mismo valor que la de cualquier otra persona.
Ocurre cuando una mujer puede desarrollar su potencial sin tener que demostrar el doble para ser tomada en serio.
Ese es el país que debemos seguir construyendo.
Un país donde el respeto y la no discriminación se hagan costumbre, como dijo la presidenta.
Porque cuando el respeto se vuelve costumbre, cambian muchas cosas. Cambia la forma en que se toman decisiones, cambia la forma en que se construyen oportunidades y cambia la manera en que una sociedad entiende el valor de sus mujeres.
El Día Internacional de la Mujer nos recuerda que los avances que hoy vemos son resultado del esfuerzo de generaciones que lucharon por la igualdad. Mujeres que alzaron la voz cuando hacerlo implicaba grandes riesgos, que insistieron cuando les dijeron que no y que abrieron caminos que hoy nos toca seguir ampliando.
Nuestro reto ahora es que las niñas que hoy crecen en México encuentren un país distinto al que conocieron muchas mujeres antes que ellas. Un país donde su talento sea reconocido desde el inicio, donde sus sueños no encuentren barreras y donde su capacidad nunca tenga que ponerse en duda.
Que ninguna mujer tenga que demostrar dos veces lo que ya es evidente.
Que el respeto no se gane, sino que se garantice. Y que la igualdad deje de ser una aspiración para convertirse, finalmente, en una costumbre.
